VOCACIÓN E IDENTIDAD DE LA VIDA RELIGIOSA

A Religiosos-as en Pastoral Vocacional

0. INTRODUCCIÓN

Trataremos de la identidad de vida religiosa y vocación, pero miradas desde las preocupaciones y el ministerio de Pastoral Vocacional, con incidencia en los procesos vocacionales que generan. Para ello hay que ir a lo fundante y teologal, de donde dimanan los “procesos” y “pedagogía” de este ministerio.

0.1. La Vocación y la Identidad de la Vida Religiosa están unidas

La VR tiene su origen y estructura en la llamada que Dios hace a hombres y mujeres concretos a consagrarse a Él en peculiar seguimiento de Jesús mediante los consejos evangélicos en fraternidad, compromiso de por vida.

La identidad es un fruto maduro de la autenticidad de una vocación y una vida religiosa, vividas en entrega y madurez. Por ende la identidad ilumina el “proceso vocacional”, a cuya luz se deberá discernir y caminar.

0.2. La “Identidad” cristiana ante los desafíos de la situación latinoamericana

La vida de la Iglesia se mueve entre la debilidad y flaqueza de sus miembros y el deseo ferviente de un nuevo Pentecostés. Otro tanto podemos decir de la Vida Religiosa. El Documento de Aparecida reconoce la debilidad creyente de las personas y de las comunidades cristianas. Dice, requerimos encantarnos, evangelizarnos; debemos impulsar la santidad y la espiritualidad integral, los procesos e itinerarios creyentes. Ante la pregunta y preocupación por la “identidad cristiana” (DA 144), “débil y vulnerable” (DA 286), responde con la invitación a “Asumir con mayor responsabilidad su identidad cristiana” (DA 214). Y ve que “la iniciación cristiana… forja la identidad cristiana con las convicciones fundamentales y acompaña la búsqueda del sentido de la vida” (DA 291). En correspondencia le preocupa la afirmación de la “identidad eclesial” (DA 337; 544).

Estamos desafiados por unas convicciones creyentes y un sentido de la vida que den por fruto una clara identidad cristiana personal e institucional a nivel eclesial y a nivel de vida religiosa.

0.3. Identidad

Comencemos por clarificar el concepto. Etimológicamente identidad es “igual a sí mismo, idéntico”. Lo que la persona es, siente, piensa y obra. Abarca la totalidad de la persona con su presente y pasado, educación, arquetipos, inconsciente colectivo y espiritual, la huella y presencia de Dios en cada persona. Se forja en la relación con los demás, con Dios y con las creaturas. De este modo entra en contraste con otros y puede confirmar, corregir y acrecentar el grado y conciencia de identidad. La praxis de la persona verifica la calidad y alcance de identidad y madurez. Este modo de entender la identidad implica la conciencia que la persona tiene de ser ella misma, reclama coherencia e integración entre su ser y su obrar. Por consiguiente la identidad se encuentra en constante movimiento, se reformula existencialmente en el contexto socio-religioso en el que vive. Se mueve entre ¿Quién soy? y ¿Qué quiero ser?

Lo que decimos de la personas, puede aplicarse, respetando las distancias, a la identidad de los grupos y por supuesto a la comunidad y a la vida religiosa.

0.4. Ministerio de Pastoral Vocacional

¿Cómo integramos este ministerio en nuestra persona y en nuestra misión? Aunque pueda ser considerado como algo adyacente o transitorio, es preciso darle sentido.

El Ministerio vocacional es un espacio de conciencia y motivación en mi vocación, en mi proyecto de vida consagrada. Ayuda a soñar, pone en contraste el ideal y la práctica. Nos orienta a la Vida Religiosa que viene, ayudados de la sensibilidad de las nuevas generaciones. Entendido así es forja de nuestra identidad, apela al interior, a la coherencia.

En la Pastoral vocacional ponemos en acción lo que somos, deseamos y compartimos con los jóvenes el sentido de la vida. Nos lleva a vivir en transparencia, relación y diálogo, expuestos a la mirada y a las preguntas de los jóvenes. Por lo mismo implica en mí una concepción del carisma y de la VR. Porque nuestra misión consiste en hacer una propuesta vocacional y tocamos lo inefable de la acogida, la respuesta de la otra persona. Tocamos el misterio de la persona y el misterio de Dios comunicado en la vocación. Se adentra en algunas cuestiones que plantea: el acompañamiento de esta persona y vocación con lo único e irrepetible que es; el discernimiento, la vivencia y la identificación real o imaginaria del don de la vocación. Requiere ojos abiertos y corazón para acoger la experiencia de vida y espíritu que acontece en el joven. Es un servicio similar al de Elí para con el joven Samuel (1 Sam 3). Colabora a educar y formar la persona, a que reconozca y acoja la llamada y el “encuentro” con Jesús; a hacerlo en fidelidad, delicadeza y mirada de fe.

Para esta tarea necesitamos tener clara la propia identidad y experiencia vocacional y por supuesto de la Vida Religiosa y del propio carisma.

1. Vocación en signo de Identidad

La vocación es Misterio de Dios y de la vida. Es un proyecto dado por Dios. Nos sobrepasa y con frecuencia no tenemos inmediata explicación, pero si nos son accesibles los deseos, las motivaciones, los puntos u objetivos de realización. La vocación adquiere claridad con la luz del Evangelio.

Vocación es el llamamiento que hace Jesús, conlleva una gran novedad. Invita a encontrarse y vincularse con Él. En la convivencia cotidiana con Jesús los discípulos descubren que no fueron ellos los que escogieron a su maestro fue Cristo quien los eligió. De otra parte, ellos no fueron convocados para algo sino para Alguien, elegidos para vincularse íntimamente a su Persona (cf. Mc 1, 17; 2, 14). Jesús los eligió para “que estuvieran con Él y enviarlos a predicar” (Mc 3, 14), para que lo siguieran con la finalidad de “ser de Él” y formar parte “de los suyos” y participar de su misión. El discípulo experimenta que la vinculación íntima con Jesús en el grupo de los suyos es participación de la Vida salida de las entrañas del Padre, es formarse para asumir su mismo estilo de vida y sus mismas motivaciones (cf. Lc 6, 40b), correr su misma suerte y hacerse cargo de su misión de hacer nuevas todas las cosas. (DA 131).

Veamos algunos aspectos peculiares de la identidad vocacional presentes en la persona a causa de la llamada de Dios.

Definitividad. La vocación es designio de Dios que imprime estilo y manera de ser de por vida. Seguir el estilo de vida de Jesús. “El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza. Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios. Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios” (Lc 9,58-62).

Configura a la persona. Le imprime su sello. Queda orientada a Dios y su voluntad. Se trata de Dios, ¡Es Dios!, pertenece a Dios, permanece en El y por El. Sirve a sus designios. Las formas pueden variar, sucederse, debido al temperamento, a la búsqueda, a las circunstancias. En consecuencia se desea conocer la voluntad de Dios y obrarla, asumir el querer de Dios como identificación con Él; dedicarse a hacerlo en medio de las vicisitudes. En la interioridad del corazón orientado y puesto en Dios, en humildad orante, así como San Francisco ante el Cristo de San Damián: “¡Oh alto y glorioso Dios!, ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo y veraz mandamiento”.

Vocación consciente y adulta. Nos fijamos en algunos personajes de la Biblia: Jueces y profetas de Israel; discípulos de Jesús: Pedro, Magdalena, Pablo; Esteban, Bernabé. Dios los llama, por lo general, en calidad de adultos y apelando a su conciencia; partícipes de la fe y de la Alianza de Israel. Son llamados a una misión para Dios y para el pueblo, que incluye la totalidad de la persona. Otro tanto ocurre con otras personas, por ejemplo Edith Stein: inicialmente de fe judía, filósofa, le sigue la crisis de fe; en constante búsqueda. Se convierte a la fe cristiana a raíz de la lectura ocasional de la autobiografía de Santa Teresa de Ávila. Después de bautizarse e iniciarse en el cristianismo opta por la vida contemplativa en el Carmelo, en donación y consagración por entero a Dios. Se forja en la contemplación, medita y escribe sobre “La Ciencia de la Cruz”, en esta obra inconclusa se vislumbra el martirio presentido, acogido y deseado como amor entregado y fiel. Una vida en coherencia de vida creyente y amor por Jesús, identificación con Él bajo el carisma carmelitano.

A través de estos ejemplos se nos ofrece un paradigma de identidad y vocación, por tanto un modelo de personalidad, humanidad y fe. La vocación se hace como encuentro interpersonal con Dios, seguido de conversión y transformación de la persona a causa de Jesús y por un humanismo de nuevo sentido. Tiene la encomienda de una misión: “cumplir este encargo no es una tarea opcional, sino parte integrante de la identidad cristiana, porque es la extensión testimonial de la vocación misma” (DA 144). Por tanto toda vocación en cualquier edad y situación realiza los rasgos que acabamos de considerar: encuentro, conversión, transformación y responsabilidad de misión por la humanidad.

Lo dicho de la vocación es aplicable a la Vida Religiosa, las dos están unidas en la conciencia de las personas y en la llamada de Dios.

Identidad Vocacional y Ministerio de Pastoral Vocacional

¿Qué elementos me ayudan a identificar una vocación dada por Dios?

¿Cómo percibo mi propia identidad vocacional?

¿Cómo cultivar en mí y en los jóvenes la fidelidad y autenticidad vocacional?

Metodología:

Reflexión personal y escribir las conclusión a las que llego.

Compartir las conclusiones en el grupo.

Presentar al plenario lo que el grupo considera orientaciones generadoras de espíritu y acción.

2. Identidad de la Vida Religiosa

La identidad esencial de la vida religiosa ya sabemos cuál es, viene dada por la fe, el seguimiento de Jesús y expresada muy claramente en la Tradición Eclesial y en nuestras Constituciones, en los Santos-as. Nos preguntamos por su dimensión existencial ¿La de siempre? ¿De nueva sensibilidad? Es preciso ser conscientes que todos tenemos explícita o implícitamente un modelo de VR y por tanto un referente de identidad. ¿Cómo nos manejamos? ¿Con que conciencia? ¿Con qué praxis?

La identidad de la VR podemos considerarla como una “elipse” con dos “focos” el de Dios y de humanidad. Podemos verla en sus “puntos de gravitación”, que de hecho, configuran la totalidad y cada uno de los elementos: las prácticas, los intereses, la estructura, la misión, el estilo “espiritual” que se usa, otro tanto referido a la formación, el gobierno, el manejo económico y administrativo. Cada uno de estos aspectos tiene una densidad dada por personas, por el tiempo, por el entusiasmo, el decaimiento y la ideología.

La identidad de la VR, en una primera mirada, emerge como “figura sociológica”, como “institución”, vivida por hombres y mujeres concretos. Con una mirada más honda se ve que tiene una “fuente teologal”, don del Espíritu, surge por pura gratuidad e iniciativa de Dios.

Preguntarnos por la identidad va a la raíz, a lo esencial. Reclama luz y sentido. Debemos mirar la esencia de la VR debemos desde la castidad, obediencia y pobreza que se corresponden con los valores la estructura económica y sobrevivencia, estructura política, realización del yo en su libertad y autonomía, y el sentido de la sexualidad, del amor y de la familia, que constituyen la radicalidad de la persona humana porque son valores fundamentales e irrenunciables de la persona. Por tanto la VR deberá potenciarlos en el ámbito de la fe y de la plena realización humana y social.

Estos valores y esencia se inscriben en la “vocación” como don, entre otros aspectos, para vivirlos al estilo de Jesús y con él, en fraternidad. Una forma de realización personal y social que sólo lo entiende el que puede acogerlo y verlo porque se le ha dado de arriba. “Pero él les dijo: No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda” (Mt 19,11-12). Es una novedad del Espíritu “Lo nacido del Espíritu es espíritu” (Jn 3, 6b).

Desde la identidad como “regalo” y “vocación” podemos mirar la “pastoral vocacional”, los “procesos vocacionales”, el “proceso vocacional”, en nosotros primeramente y a su vez en los jóvenes vocacionados.

La soledad es constitutivo de la vida humana. La identidad vocacional en todo hombre y mujer pasa por la soledad forja de relaciones y de identidad personal. Somos personas en relación pero nuestra identidad se asienta y unifica en el corazón, en la intimidad de la persona. La soledad en el interior, en el silencio, nos abre a Dios, a los otros y a lo mejor de nosotros mismos.

La soledad constitutiva y la consagración en castidad confluyen e invitan a dar un sentido profundo a la VR, a la vocación, a los procesos vocacionales. Incide directamente en la salud y en el modo con el que vivimos la identidad, la realización, el sentido del amor y de la fecundad, las relaciones y la amistad. En una palabra la felicidad con Jesús y los hermanos.

La identidad se vive y se manifiesta como experiencia personal y comunitaria. El don es recibido por una persona con su temperamento, historia, heridas y realizaciones. De este modo lo experiencial en fe permanece, es principio inagotable de dinamismo. Lo ejemplifica la conversión y vocación de Pablo, los Fundadores-as y tantos hombres y mujeres de hoy. La llamada opera conversión y transformación como advertimos en los Apóstoles, en los Santos y Fundadores.

Se plasma en un itinerario, es decir el desarrollo y camino que emprende la persona a partir del impacto y conciencia vocacional. Dura una vida, incluye adelantos, retrocesos, bandazos. El Itinerario se da en libertad. Es proyecto personal, historia, desafío que compromete por entero, persona, cuerpo, inteligencia, voluntad, sentimiento; la libertad y la solidaridad, la ética y la responsabilidad con los demás, con las creaturas, con Dios.

La persona se hace en el camino, desde dentro, en libertad, aunque se lo quieran imponer o se lo impongan de fuera. Soy yo ante mí, doy razón de mi mismo. Soy yo ante Dios, relación interpersonal que dignifica y acrecienta libertad y opción. Soy yo ante los otros, con otros y las creaturas. Me tomo en serio mi vocación e identidad existencial tanto personal como fraternamente aunque siempre haciéndose y recreándose.

Identidad de la VR e Identidad Vocacional se corresponden

La una depende de la otra, interactúan: En cuanto que las dos participan del mismo ideal y proyecto teórico; Porque las dos requieren ser realizables y posibles en lo concreto, en la dedicación y amor de cada día.

Las dos identidades deben corresponderse: La identidad de VR señala el ideal. La identidad personal y comunitaria vivencian el ideal y dan el grado de realización. La disparidad es una llamada de atención. Ya es una pregunta: ¿Por qué tal desajuste?

La identidad en la práctica lleva a preguntarse por el referente, es decir por el Seguimiento fiel de Jesús en la óptica del carisma:

La Vocación personal y de vida religiosa en cuanto tiene sentido en sí misma, más allá de las conveniencias e ideologías. Es muy concreta y ofrece identidad en relación a la familia, medio social, eclesial y comunitario. Instancias que se hacen una imagen de lo que es VR.

Como sentido de la vida, como realización y felicidad realista, la de quien asume su condición humana.

Están en juego: Evangelio, Constituciones, santidad, el hombre/mujer que somos.

Toda vocación es una fe, cree en un proyecto, en una misión; se confía en la vida y lo encuadra en el misterio de Dios.

La identidad, como hemos visto, se hace en la relación y a la vez se es uno mismo distinto a otros; lleva a la unidad e integración. Requiere de adecuadas relaciones que construyan persona, sentido, conciencia; relaciones de igualdad, respeto, diversidad, reciprocidad, donación.

La auténtica y esencial pregunta sobre la propia vocación despeja las otras preguntas que son tangenciales, insuficientes, insatisfactorias, evasivas. Tal pregunta emplaza, orienta correctamente en el camino de la identidad vocacional. Tengamos presente el ejemplo de los Santos, de los Fundadores-as: ¿Cuál es la motivación-fuerza de su vocación e identidad? ¿Cómo actúa y se manifiesta la identidad vocacional en ellos-as?

Identidad de la Vida Religiosa

¿Personalmente cuál es el imaginario y la experiencia que tengo de la VR?

¿Qué elementos configuran la identidad de la VR considerada socialmente?

¿Qué tipo de identificación tengo con el Carisma de VR?

3. Experiencia de vocación-misión

De lo dicho anteriormente concluimos que a través de la experiencia se fortifica y se clarifica la identidad social, vital y teologal de la VR. Marca y define la vida de la persona. Cuando cada persona vive fielmente entonces toma cuerpo la configuración de la VR o Congregación. Emplaza a las personas y a la comunidad en su totalidad, provoca a un estilo de vida en fidelidad y coherencia con la llamada primera y la llamada de hoy. En concreto: identidad, llamada, fidelidad, perseverancia son una sola cosas, un proyecto vital que soy yo mismo-a.

Desde aquí se puede entender la autenticidad y realización del proceso e itinerario de la persona consagrada, de la comunidad y de los jóvenes vocacionados. Lo que somos y presentamos a los jóvenes, eso serán ellos, claro con lo peculiar personal y los contextos temporales, geográficos, religiosos y sociales. Sabiendo con certeza que la gracia de Dios obra en nosotros y en los jóvenes más allá de los ambientes o estereotipos en vigor. El Espíritu hace nuevo el corazón de quien se abre a su gracia.

Procesos vocacionales

Toda vocación es un proceso que desarrolla el don y misión que es la vocación. Recorre un camino complejo. Además toda vocación lleva consigo identificación para la persona y así es considerada también por la sociedad: nos identifican como “religiosas-os”, “sacerdotes”. Cada uno de nosotros tiene una identificación ante sí y ante los demás. Esta identificación tiene que ver con la vivencia e identificación con Jesús; con el tipo de humanismo que soy o deseo, o trabajo. Tiene que ver con el modelo de VR bien sea desde el ideal de “Constituciones” o que yo deseo.

¿Qué identidad de VR se da en el proceso vocacional del animador, del joven, de los religiosos, de los formadores? La forma y consolidación tiene que ver con los tiempos, etapas, acontecimientos, realizaciones, crisis. Se da en una evolución y toma de conciencia: afianzamiento, recreación, cambio, conversión. Decrecimiento. Defección, cambio de rumbo.

Los Procesos vocacionales son diversos. Unos marcados por la claridad de la llamada, motivaciones, objetivos, deseos, identificación positiva, al estilo de Samuel. Se cultivan en la educación, en la formación, en la permanente lectura e interpretación del Plan de Dios presente en el don de ésta vocación.

Otros manifiestan inconsistencia, vacíos, rechazos, sin sentido. Idealización o huída. Puede haber llamada, pero requiere peculiar trato y paciente espera para descubrirlo.

En los procesos vocacionales influyen: ideologías, sentimientos, slogan, aprioris.

Educación. Familia. Sociedad. Contacto con un modo de ser Iglesia o un modo de ser de VR.

Personas concretas. Lecturas.

Ideología sobre la VR en uso, tanto en pensar como en prácticas y éstas suelen ser importantes para configurar inconscientemente el imaginario religioso.

Imaginario del Joven. Imaginario de los religiosos-as (Provincia, comunidad).

El tipo de propuesta vocacional: evangélica, carismática o ideologizada.

Experiencia y Proceso

¿Qué convicciones y prácticas me han permitido vivir satisfactoriamente la vocación?

¿Cómo lo he experimentado en mi propio itinerario vocacional?

4. Sentido teologal de la Vocación y de la Identidad de la Vida Religiosa

Toda vocación tiene una referencia y energía teologal. Veamos algunos aspectos:

La vocación designio de Dios

Toda vocación nace en Dios mismo, nace de su designio para cada hombre y mujer a los que ama entrañablemente y quiere su realización.

“En los designios de Dios, cada hombre está llamado a desarrollarse, porque toda vida es una vocación. Desde su nacimiento, ha sido dado a todos como un germen, un conjunto de aptitudes y de cualidades para hacerlas fructificar: su floración, fruto de la educación recibida en el propio ambiente y del esfuerzo personal, permitirá a cada uno orientarse hacia el destino, que le ha sido propuesto por el Creador. Dotado de inteligencia y de libertad, el hombre es responsable de su crecimiento, lo mismo que de su salvación. Ayudado, y a veces es trabado, por los que lo educan y lo rodean, cada uno permanece siempre, sean los que sean los influjos que sobre él se ejercen, el artífice principal de su éxito o de su fracaso: por sólo el esfuerzo de su inteligencia y de su voluntad, cada hombre puede crecer en humanidad, valer más, ser más” (PP 15).

Dios llama a la existencia. Llamada a trascenderse. La llamada es antes que nuestra existencia y a su vez nos da el significado último, el sentido de la vida, de la tarea. Por ejemplo Profetas, San Pablo: “ Mas, cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles” (Gal 1,15-16). El hombre en su fuente y esencia, es una vocación, porque nace de una llamada trascendente y, porque es incapaz de darse su significado último por sí mismo (CiV 16).

Vocación a imagen y semejanza de la Comunión Trinitaria

La vocación lleva consigo un modo peculiar de configurar la persona, la vida religiosa con el ser de Dios, que es comunión, familia, relación y comunicación. Lleva la semejanza de su amor, sabiduría y belleza. Realidades que se dan en toda persona o comunidad que viven fiel y alegremente la vocación recibida.

Identificación con Jesús

La identidad de la VR y de la Vocación a la misma tiene su expresión en la identificación y seguimiento de Jesús, según el Carisma. Porque el Padre nos ha llamado y consagrado en el Espíritu Santo a vivir de Jesús, ser su presencia y signo. Además solamente en Jesús se descubre el misterio de nuestro ser hombre o mujer y de la vocación a la que somos llamados por el Padre: “En realidad, tan sólo en el misterio del Verbo encarnado se aclara verdaderamente el misterio del hombre. Cristo, en la revelación misma del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre su altísima vocación” (GS 22).

Seguir a Jesús es identificarse con Él. La consistencia y verificación del discipulado se da en la fe y asumiendo la cruz cada día.

Vocación verdadero humanismo según el Proyecto de Dios

Designio y llamada incluyen promover el propio desarrollo personal y social. Implica por tanto un proceso y camino, un itinerario. La vocación va unida a la existencia, que da consistencia al ser humano. “En los designios de Dios, cada hombre está llamado a promover su propio progreso, porque la vida de todo hombre es una vocación» (PP 15; CiV 16). Es decir la vocación queda asociada a un Humanismo verdadero. La persona queda sólidamente establecida en su origen, camino, sentido y destino. Porque queda fundada en Dios que da consistencia a su ser de creatura limitada y finita. Tiene garantizada dignidad, autonomía y libertad. Posee un proyecto de humanidad y de fe según el designio de Dios[1].

La Comunidad esencial en la identificación de la VR y en la identidad vocacional del Religioso-a

Es fundamental, porque lo propio de la VR es vivir en la forma concreta de comunidad, fraternidad, como expresión concreta del Misterio de Comunión de Dios y de la Iglesia, tanto en su dimensión teológica como en la forma de vida existencial.

“La vida en comunidad es esencial a la vocación cristiana. El discipulado y la misión siempre suponen la pertenencia a una comunidad. Dios no quiso salvarnos aisladamente, sino formando un Pueblo[2]. Este es un aspecto que distingue la vivencia de la vocación cristiana de un simple sentimiento religioso individual. Por eso, la experiencia de fe siempre se vive en una Iglesia Particular” (DA 164).

“No puede haber vida cristiana sino en comunidad: en las familias, las parroquias, las comunidades de vida consagrada, las comunidades de base, otras pequeñas comunidades y movimientos. Como los primeros cristianos, que se reunían en comunidad, el discípulo participa en la vida de la Iglesia y en el encuentro con los hermanos, viviendo el amor de Cristo en la vida fraterna solidaria” (DA 278d).

La comunidad fraterna es vida, proyecto y espiritualidad comunitarios, es fundamental para la identidad de la VR y de la vocación a la misma. Es la matriz imprescindible, la fuerza teologal, aunque el individuo sea llevado por el Espíritu en un peculiar camino, pero siempre en el sustrato de la comunidad. Podemos describir la comunidad como el ámbito, espacio en el que cada hermano-a vive fielmente de Dios; y además la comunidad y cada uno-a de los hermanos-as que la conforman andan en el mismo sentido y tienen su corazón puesto en Dios, en Jesús.

Vocación e Identidad. Sentido trascendente y teologal

¿Cuál es el fundamento teologal que da identidad a la vocación y a la Vida Religiosa?

¿Con qué espiritualidad debemos vivir nuestra identidad religiosa y el ministerio de pastoral vocacional?

Santiago Ramírez

Quito, 20 de febrero de 2010



[1] “No hay, pues, más que un humanismo verdadero que se abre al Absoluto en el reconocimiento de una vocación que da la idea verdadera de la vida humana” (PP 42; CiV 16).

[2] LG 9