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¡ÁNIMO, NO TEMAS!, ¡YO ESTOY CONTIGO!

 

Reflexión - oración de la vida consagrada ecuatoriana

después del terremoto del 16 de abril de 2016

 

 

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INTRODUCCIÓN

Nuestro país ha vivido la tragedia del terremoto del sábado 16 de abril de 2016. En este acontecimiento, los consagrados hemos vivido y seguimos viviendo junto al pueblo del que formamos parte, una experiencia de dolor, de impotencia, de cuestionamiento. Una experiencia que no logramos entender del todo, porque forma parte de un misterio, el misterio del amor de Dios que es tan grande que abarca también el dolor; el nuestro, el de los que han sido directamente afectados por el terremoto y el de todos sus hijos/as.

Como VC somos conscientes de nuestra responsabilidad y de la misión que tenemos de ser profetas, con nuestra vida y con nuestra praxis. Se nos pide intentar discernir la voz de Dios en lo que pasa y ayudar a los hermanos/as a leerlo desde la perspectiva de Dios. Vivimos convencidos de que Dios siempre habla en los acontecimientos, en nuestra historia personal, en la historia de nuestros pueblos. Pero hay momentos donde escuchar esta palabra de Dios se hace más difícil y cuestionante: la tragedia que ha vivido nuestro país, sobre todo en el litoral, es seguramente uno de estos momentos.

Intentar escuchar hacia dónde nos llama la voz de Dios en estos momentos trágicos, escuchar en profundidad su voz y su Palabra, nos exige releer lo que vivimos, compartir lo que pensamos y sentimos, discernir con otros y orar en profundidad a partir de lo que experimentamos y de la escritura. Nos exige “ser de Dios”, es decir, entrar en la óptica de Dios. Muchas lecturas de estos acontecimientos son posibles, incluso, en nombre de Dios. La fe en el Dios de Jesús nos guía para rechazar toda lectura que nos aleje de la mirada misericordiosa, compasiva y cercana que el Abba tiene por sus hijos. Esto nos interpela para descubrir, en estos acontecimientos tres rasgos fundamentales de Dios y de su actuar con su pueblo, con nosotros, hoy:

  1. Recordar que Dios escucha el dolor de su pueblo
  2. Encontrar el rostro misericordioso de Dios
  3. Reconocer al Resucitado

 

1. DIOS ESCUCHA EL CLAMOR Y EL DOLOR DE SU PUEBLO

Desde las páginas del libro del Éxodo podemos tomar conciencia de la preocupación de Dios para escuchar la voz de sus hijos, especialmente de aquellos que sufren. Sus entrañas de Padre - Madre se conmueven por sus hijos lastimados. Sin embargo no siempre logramos darnos cuenta de ello, especialmente cuando el mal parece que nos aplasta y nos sentimos, quizás, solos. Es el tiempo de hacer memoria de aquellos momentos de nuestra historia personal y colectiva en la que nos dimos cuenta de la cercanía y presencia de Dios. No abandona la obra de sus manos. Es la experiencia del pueblo de Israel. Es la experiencia de Jesús en la cruz que une en un mismo grito el sentimiento de soledad y la confianza en Dios: “Padre, ¿por qué me has abandonado?” y “¡en tus manos encomiendo mi espíritu! “

Pero, ¿cómo ser testigos ante la gente de que Dios escucha a su pueblo? Una manera es asumir el reto de ser nosotros/as personas de escucha atenta, cariñosa, misericordiosa, sin miedo y sin prejuicios con estas personas que han vivido esta experiencia terrible. Vivir concretamente lo que el Papa Francisco llama “la cultura de la escucha”, la cultura del oído que nos lleva a la oración auténtica entre nosotros y con la gente, a darnos cuenta que Dios nos escucha, a la comunión concreta con los que claman hacia Dios y no a dar respuestas teóricas. Es valorar y superar el rasgo de la religiosidad popular que hace clamar a Dios cuando lo necesitamos, haciéndonos también escucha de lo que El nos puede estar pidiendo.

 

2. ENCONTRAR EL ROSTRO MISERICORDIOSO DE DIOS

El año de la misericordia, que estamos celebrando, es una gracia de Dios y nos ayuda a superar la mentalidad de tipo veterotestamentario introyectada en muchos creyentes de nuestro pueblo, de un Dios que nos guía y educa por medio del castigo. Se trata de ayudar a descubrir lo que nos recuerda el Papa Francisco: que en toda circunstancia “el nombre de Dios es misericordia”, también en momentos de dolor y de dificultad. Jesús es el rostro de la misericordia del Padre.

Si nosotros, consagrados, estamos llamados/as a ser “memoria viva de Jesús”, ¿cómo vamos a ser, en estas circunstancias, ese rostro de la misericordia del Padre? Ciertamente un camino será el hacer llegar a aquellos que necesitan las ayudas materiales que podamos ofrecer; es una ocasión de vivir las obras de misericordia vistiendo al desnudo, dando de comer al hambriento, cuidando al enfermo, enterrando a los muertos, consolando al triste… Pero esto no debe hacernos olvidar lo esencial de la actitud de cercanía con el hermano desamparado, vivir la cultura de la ternura y del cariño, buscar con la gente caminos para guardar la esperanza. La misericordia de Dios abre siempre a la esperanza.

 

3. RECONOCER A CRISTO RESUCITADO

En esta situación que vivimos hay muchas muertes. Hay un olor de muerte y podemos ser tentados de dejarnos invadir por él. Nos hemos sentido terriblemente vulnerables frente a la naturaleza. ¿Qué sentido dar a tantas muertes de personas inocentes? El tiempo de Pascua que vivimos nos recuerda con fuerza que, para el creyente en Jesús, la muerte y el dolor tienen siempre una dimensión pascual: no se trata de terminar “la” vida sino de pasar de esta vida a una vida nueva, aquí y ahora y para siempre. Jesús ha resucitado primero de todos nosotros (cfr. 1 Cor 15,20). Nos ha abierto, ya, el camino hacia esa vida nueva. Es un paso, un “parto”, que nos ha de llevar a reflexionar sobre la vida, el sentido que le queremos dar, la orientación que damos concretamente a nuestros actos. Jesús nos pide el tener una vida pascual y, frente a acontecimientos como éstos, nos desafía a mirarlos y vivirlos desde una óptica pascual, de cambio (cfr. Lc 13,1-5).

Hay señales de resurrección que ya están presentes: el pueblo ha comenzado a resucitar en la solidaridad, en su capacidad de resiliencia, de aprender a vivir sufriendo, en la capacidad de los pobres para no dejarse abatir, en el sentido de unidad y responsabilidad colectivas... Detectemos y valoremos las fuerzas de vida, porque allí es donde Jesús resucitado está presente. Colaboremos con Él, que nos precede en ésta nuestra Galilea.

Después de un terremoto como el del 16 de abril, el Ecuador y la vida consagrada ecuatoriana no pueden ser como antes. Por esto podemos pedir al Señor en nuestra oración “Señor, tú que has llenado de alegría y de esperanza al mundo por la resurrección de Jesús, por intercesión de la Virgen María ayúdanos a vivir y contagiar esperanza”. Que su intercesión nos conceda continuar el camino e imitarla guardando y meditando en nuestro corazón aquello que no entendemos completamente, las dudas y cuestionamientos que estos acontecimientos continúan provocándonos.

 


 

1ª GUÍA DE ORACIÓN

 

DIOS ESCUCHA EL CLAMOR Y EL DOLOR DE SU PUEBLO

 

 

1. AMBIENTACIÓN

En donde es posible, exponer el Santísimo en un lugar previamente preparado o colocar una imagen de Jesús que exprese compasión, junto con algunas imágenes de gente que ha sufrido el terremoto.

 

2. CANTO

"Cerca está el Señor"

 

3. ILUMINACIÓN BÍBLICA

Motivación: Dios es Padre, nos conoce y ama, camina con nosotros/as, es el Dios que escucha el dolor, el clamor de sus hijos/as y responde con acciones concretas. Jesús con sus palabras y obras nos dio a conocer a este Dios. En el texto de Mateo vamos a ver reflejado cómo Jesús muestra al Dios compasivo.

Mt 9, 35 – 38

“Jesús recorría todas las ciudades y pueblos, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando toda clase de enfermedades y dolencias. Viendo a la multitud, se compadeció por ellos, porque estaban maltratados y abatidos, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a los discípulos: ‘La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha’”.

 

4. REFLEXIÓN DE LA PALABRA

Mateo 9,35: Incansable, Jesús recorre los poblados. Es bonita la descripción de la actividad incansable de Jesús, en la que se manifiesta la doble preocupación: la acogida llena de ternura y la curación de los enfermos: “Jesús recorría todas las ciudades y pueblos, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando toda clase de enfermedades y dolencias”.

Mateo 9,36: La compasión de Jesús. “Viendo a la multitud, se compadeció por ellos, porque estaban maltratados y abatidos, como ovejas sin pastor”. “Tener compasión” es una terminología usada en el Antiguo Testamento exclusivamente para indicar una función de Dios, mientras que en el Nuevo Testamento se usa sólo para Jesús. Se trata, por consiguiente, de una acción divina, con la cual Dios restituye la vida a quien no la tiene.

Mateo 9,37-38: Jesús transmite a los discípulos la preocupación y la compasión que lo animan por dentro: "Entonces dijo a los discípulos: La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha.” Los discípulos somos cada uno de nosotros, los que nos decimos cristianos, los seguidores de Él, los/as consagrados/as.

Hoy, en la realidad de sufrimiento de tantos hermanos/as afectados por el terremoto, estamos llamados a ser, por nuestras obras y actitudes, la encarnación misericordiosa de este Dios que escucha el clamor y sufrimiento de sus hijos/as y responde con compasión.

 

5. COMPARTIMOS

Jesús sentía compasión por la gente. Compasión significa sufrir con, sentir en sí mismo(a) los dolores y los problemas de la gente.

  1. ¿Cómo somos expresión de la compasión de Dios con los damnificados por el terremoto?
  2. ¿Qué nos falta para ser más compasivos/as con ellos/as?

 

6. ORACIÓN FINAL

Salmo de la cercanía de Dios

Todos/as:

Tú estás presente en mi vida. Señor,

y mi corazón se goza al saber que eres Padre.

Tú eres mi refugio y mi alcázar, Dios mío, en ti confío.

Solista:

Tú me libras en el día de la prueba.

Con tu bondad me proteges,

bajo tus alas me refugio.

Tu fuerza es mi escudo y armadura.

Solista:

No temo las tinieblas de la noche ni el calor duro del mediodía.

Yo he hecho de ti mi refugio, te he tomado, Señor, por defensa.

porque me guardas en todos mis caminos.

Todos/as:

Tú me cubrirás con la palma de tu mano,

y no dejarás que mi pie tropiece.

Caminaré sin cansarme hacia la meta

con la seguridad de que Tú serás mi recompensa.

Solista:

Porque sé que me quieres, me librarás.

Porque sé que me tratas personalmente,

me protegerás.

A ti te puedo invocar porque sé que siempre me escuchas.

Solista:

Tú estás siempre conmigo

aunque mi corazón se olvide de que me amas.

Todos/as:

Tú estás siempre conmigo

aunque mi corazón te falle y comience de nuevo.

Solista:

Tú estás siempre conmigo

aunque mi corazón se canse de seguir tus pasos.

Solista:

Tú estás siempre conmigo

aunque mi corazón, a veces, no lo sienta.

Todos/as:

Señor, mi vida te pertenece, la he puesto en tus manos.

Que mi corazón no tema, aunque el camino se haga duro.

Tú estás conmigo y mi vida es toda tuya. Amén

Gloria al Padre,…

 

7. CANTO FINAL

"Escuchemos a Dios, donde la vida clama" (CLAR)

 


 

2ª GUÍA DE ORACIÓN

 

DESCUBRIR EL ROSTRO MISERICORDIOSO DE DIOS

 

 

1. CANTO:

Himno del año de la misericordia: "Misericordiosos como el Padre"

 

2. AMBIENTACIÓN

Se colocan varias imágenes de solidaridad con los damnificados, para que todos los/as participantes las contemplen, mientras se leen en voz alta o en silencio los siguientes textos de “Misericordiae vultus”, sobre el Año de la misericordia.

Textos

  1. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida (MV 2)
  2. “El que practica misericordia, que lo haga con alegría” (Rm 12,8). (MV 16)
  3. La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos. (MV 15)
  4. Se nos revela el verdadero rostro de Dios: “Mi corazón se convulsiona dentro de mí, y al mismo tiempo se estremecen mis entrañas” (Os 11,8-9) (MV 21)

 

COMPARTIMOS: ¿Cómo descubrimos la misericordia de Dios en el dolor provocado por el terremoto?

 

3. ILUMINACIÓN BÍBLICA

Lc 10, 28-37: El buen samaritano… “Haz tú lo mismo”

“Un maestro de la Ley, que quería poner a prueba a Jesús, se levantó y le dijo: «Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?» Jesús le dijo: «¿Qué está escrito en la Escritura? ¿Qué lees en ella?» El hombre contestó: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Jesús le dijo: «¡Excelente respuesta! Haz eso y vivirás.» El otro, que quería justificar su pregunta, replicó: «¿Y quién es mi prójimo?»

Jesús empezó a decir: «Bajaba un hombre por el camino de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos bandidos, que lo despojaron hasta de sus ropas, lo golpearon y se marcharon dejándolo medio muerto.

Por casualidad bajaba por ese camino un sacerdote; lo vio, dio un rodeo y siguió. Lo mismo hizo un levita que llegó a ese lugar: lo vio, dio un rodeo y pasó de largo.

Un samaritano también pasó por aquel camino y lo vio, pero éste se compadeció de él. Se acercó, curó sus heridas con aceite y vino y se las vendó; después lo montó sobre el animal que traía, lo condujo a una posada y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente sacó dos monedas y se las dio al posadero diciéndole: «Cuídalo, y si gastas más, yo te lo pagaré a mi vuelta.»

Jesús entonces le preguntó: «Según tu parecer, ¿cuál de estos tres se hizo el prójimo del hombre que cayó en manos de los salteadores?» El maestro de la Ley contestó: «El que se mostró compasivo con él.» Y Jesús le dijo: «Vete y haz tú lo mismo.»

 

4. REFLEXIÓN SOBRE LA PALABRA

  1. Ante la realidad que vivimos, nos preguntamos: “¿qué debemos hacer?”
  2. Jesús responde que debemos atender siempre a nuestro prójimo. Pero surge otra pregunta: “¿Quién es mi prójimo?”
  3. El que sufre, el que ha caído por la violencia de los demás o de la naturaleza, el que resulta invisible ante la indiferencia de los demás… necesita un “prójimo”.
  4. Hay un samaritano, de otro grupo cultural y religioso, que mira, reacciona, acoge, cura, ayuda, que se hace prójimo del caído, y comienza un proceso de sanación con un corazón lleno de solidaridad.
  5. Éste ha practicado la misericordia. Hagamos lo mismo con los caídos y sufridos por el terremoto.

 

COMPARTIMOS: ¿Cómo manifestamos la misericordia de Dios, siendo prójimos de los damnificados en un momento como éste?

 

4. OREMOS JUNTOS

Salmo 136

Dad gracias al Señor porque es bueno:

porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios de los dioses:

porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Señor de los señores:

porque es eterna su misericordia.

Sólo hizo grandes maravillas:

porque es eterna su misericordia.

El hizo sabiamente los cielos:

porque es eterna su misericordia.

El afianzó sobre las aguas la tierra:

porque es eterna su misericordia.

El hizo lumbreras gigantes:

porque es eterna su misericordia.

El sol que gobierna el día:

porque es eterna su misericordia.

La luna que gobierna la noche:

porque es eterna su misericordia.

El hirió a Egipto en sus primogénitos:

porque es eterna su misericordia.

Y sacó a Israel de aquel país:

porque es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido:

porque es eterna su misericordia.

El dividió en dos partes el mar Rojo:

porque es eterna su misericordia.

Y condujo por en medio a Israel:

porque es eterna su misericordia.

Arrojó en el mar Rojo al faraón:

porque es eterna su misericordia.

Guió por el desierto a su pueblo:

porque es eterna su misericordia.

Les dio su tierra en heredad:

porque es eterna su misericordia.

En heredad a Israel su siervo:

porque es eterna su misericordia.

En nuestra humillación, se acordó de nosotros:

porque es eterna su misericordia.

Y nos libró de nuestros opresores:

porque es eterna su misericordia

El da alimento a todo viviente:

porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios del cielo:

porque es eterna su misericordia.

 

Y continuamos el salmo con nuestros motivos personales y comunitarios, a los que seguimos afirmando: “porque es eterna su misericordia”

 

5. ORACIÓN FINAL

Dios de compasión y ternura:

te mueves por amor a la humanidad

y tu tendencia es olvidar el pasado.

 

Mira lo profundo del corazón humano

para transformarlo y hacerlo sentir amado

No esperas mi respuesta para amarme,

tu amor la precede y supera la grandeza de la creación.

 

Tu alianza es siempre nueva y creativa:

mueve mis entrañas

y hazme más significativo/a en mi ser y en mi quehacer;

enséñame

a abrir mi corazón aprendiendo de ti,

a tener un corazón amante,

una inteligencia despierta y

una solidaridad de hermano/a.

 

6. CANTO FINAL

"Amarte en los pobres" (Ritmos 335)

 


 

3ª GUÍA DE ORACIÓN

 

RECONOCER A CRISTO RESUCITADO

 

 

1. AMBIENTACIÓN

Signo: Cirio Pascual

En un lugar especial, adornar un póster de Jesús Resucitado con nombres e imágenes de hermanos y hermanas que han sido afectados por el terremoto.

Monición:

¡Cristo ha resucitado!. La resurrección de Jesús es el eje central de nuestra fe. En momentos de dolor, de tragedia y de incertidumbre por la pérdida física de las personas que amamos, nuestra vida se clarifica por el encuentro con el Señor Resucitado. La Buena Noticia es que Jesús entra definitivamente en la «Vida» de Dios. Pablo nos dice que es una vida liberada donde ya la muerte no tiene ningún poder sobre él.

 

2. CANTO

Ingresar el cirio encendido mientras se canta la canción:

"Hoy el Señor Resucitó y de la muerte nos libró".

 

3. ILUMINACIÓN BÍBLICA

Jn 11, 17-26

“Vino pues Jesús, y halló que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalén, a unos tres kilómetros. Muchos Judíos habían ido a visitar a Marta y María, para darles el pésame por la muerte de su hermano. Cuando Marta oyó que Jesús llegaba, salió a encontrarle, mientras María se quedaba en casa.

Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que lo que pidas, Dios te lo concederá.

Le dice Jesús: Tu hermano resucitará

Le dice Marta: -Sé que resucitará en la resurrección del último día.

Jesús le contestó: -Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá; y quien vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Lo crees?

Le contestó: Sí, Señor, Yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo”.

 

1 Cor 15, 1-4. 20-23

“Hermanos, les he transmitido la enseñanza que yo mismo recibí, a saber: que Cristo murió por nuestros pecados tal como lo dicen las Escrituras; que fue sepultado; que resucitó al tercer día como lo dicen también las escrituras.

Cristo resucitó de entre los muertos. Él es el primero y como las primicias de los que duermen. Un hombre trajo la muerte, un hombre trae también la resurrección de los muertos. Todos mueren por ser de Adán, y todos también recibirán la vida por ser de Cristo, luego el pueblo de Cristo cuando él los visite”.

 

4. REFLEXIÓN DE LA PALABRA

Ante la muerte de Lázaro, Jesús acudió a la casa de Betania para estar cerca de las hermanas del fallecido, a quienes escucha y consuela.

En la realidad de sufrimiento y muerte provocada por el terremoto, la Vida Consagrada -con todos los creyentes- estamos llamados/as a ver la presencia de Dios en medio del dolor, con la certeza expresada a Marta, que la muerte no tiene la última palabra. “Yo soy la resurrección y la vida, ¿Crees esto?”

En la Carta a los Corintios, Pablo nos revela que la resurrección de Jesús crucificado es un hecho real. Y por lo tanto, hay que proclamarla a los cuatro vientos. “Es verdad. ¡Ha resucitado!” ¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza! La resurrección es el nuevo nombre de Dios.

La Resurrección tiene para nosotros/as una dimensión de promesa; abre un futuro a nuestra historia humana y sostiene nuestra vida presente. Hoy y siempre, el Resucitado es la esperanza del mundo y constituye la gran Buena Noticia para nuestro pueblo, afectado por el terremoto.

 

5. COMPARTIMOS

Contemplando a Jesús en el encuentro con Marta: ¿qué aprendes de Él?

Desde el encuentro con el Resucitado ¿cómo ser testigos y promotores de la esperanza y la consolación en medio de los/as que están sufriendo hoy a causa del terremoto?

 

6. ORACIÓN FINAL

Somos el pueblo de la Pascua,

Aleluya es nuestra canción.

Cristo nos trae la alegría,

levantemos el corazón.

 

El Señor ha vencido al mundo,

muerto en la cruz por nuestro amor.

Resucitado de la muerte,

 y de la muerte vencedor.

 

Él ha venido a hacernos libres

con libertad de hijos de Dios.

Él desata nuestras cadenas;

alegraos en el Señor.

 

Sin conocerle, muchos siguen

rutas de desesperación.

No han escuchado la noticia

de Jesucristo Redentor.

 

Misioneros de la alegría

de la esperanza y del amor;

mensajeros del Evangelio,

somos testigos del Señor.

 

Gloria a Dios Padre, que nos hizo

Gloria a Dios Hijo Salvador

Gloria al Espíritu Divino:

Tres Personas y un solo Dios. Amén

 

7. CANTO FINAL

“Alma misionera”


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