Fallece el obispo emérito de San Cristóbal

Samuel Ruiz

 

El hasta hoy obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas falleció a los 86 años de edad. Permanecía hospitalizado en DF desde el 12 de enero afectado por diabetes y una neumonía que lo aquejaba en días recientes.

Ariane Díaz

Publicado: 24/01/2011 10:30

México, DF. El obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas Chiapas, Samuel Ruiz García, falleció esta mañana en la ciudad de México a los 86 años de edad.

Internado en terapia intensiva por problemas coronarios en el Hospital Ángeles, la salud del prelado se agravó a causa de una neumonía; sólo le funcionaba un pulmón y la noche de ayer recibió los santos óleos de parte del obispo de Saltillo, Raúl Vera. A las 9:45 horas de hoy murió.

A las 14 horas se oficiará una misa en su honor de cuerpo presente en el Templo de la Anunciación o Parroquia Universitaria del Centro Universitario Cultural, ubicado en Odontología 35, a unas cuadras del metro Copilco.

Posteriormente, sus restos serán trasladados a Chiapas, donde a partir de las 19 horas serán expuestos a la oración de los fieles.

Samuel Ruiz ingresó al Hospital Ángeles del Pedregal el pasado 12 de enero, a donde llegó trasladado desde un nosocomio en Querétaro tras convalecer durante varias semanas.

Antes de fallecer, el obispo envío una bendición a la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, que encabezó los últimos 40 años y donde pidió ser sepultado.

"Orando con el padre Heriberto, y alzando su brazo derecho, Don Samuel mandó su Bendición a toda la Diócesis (...) siguiendo la voluntad de Don Samuel la idea es trasladarlo por vía aérea y de inmediato a la Catedral de San Cristóbal”, señaló una fuente cercana al obispo.

De acuerdo con los médicos que atendieron al prelado en el Hospital Ángeles, la enfermedad por hipertensión arterial sistémica y la diabetes mellitus, que padecía hace 10 años, causaron un daño obstructivo arterial por aterosclerosis significativo en varias partes.

El prelado presentaba daño cerebral con “infarto reciente en territorio de Arteria Cerebral Media Izquierda con consecuencias importantes en la movilidad de su hemicuerpo derecho (hemiplejia derecha)”, señaló el parte médico.

Entre las acciones del obispo destaca su función como mediador tras el alzamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

 

 

FALLECIMIENTO DE DON SAMUEL RUIZ GARCÍA, 25—01-2011

Queridos hermanos y hermanas

El día de hoy, en la víspera del 51 aniversario de su ordenación Episcopal falleció Don Samuel Ruiz en la Ciudad de México, este gran Obispo Profeta que culminó su Episcopado en la búsqueda de la Justicia y la Paz, murió en paz.

Pido al Señor que lo llamó a la vida y al ministerio que siga siendo fructífera su labor inspirando el compromiso de todos los que tuvimos la bendición de conocerlo.

Don Samuel, el Tatik, fue muy cercano a la orden de predicadores y por ello pido las oraciones de ustedes como si hubiera profesado con todos nosotros.

Fraternalmente

 

Fray Gonzalo B. Ituarte Verduzco, O. P.

Prior Provincial.

 

 

Se fue el Tatic

Samuel Ruiz (1924-2011), el profeta mexicano del siglo XX

Enrique Dussel *

Desde la madrugada del martes y hasta el cierre de esta edición, no cesaron, en la catedral de San Cristóbal de las Casas, las manifestaciones de pesar por el fallecimiento

Ha muerto el 24 de enero el santo profeta de Chiapas, digno sucesor de Bartolomé de las Casas. Este último comenzó su lucha en favor de los pueblos originarios de América en el ya lejano 1514 en el pueblito de Sancti Espíritu de Cuba. Fue obispo de Chiapas desde 1544 hasta 1547, en que fue expulsado por la oligarquía de los conquistadores que ya dominaban esa tierra maya, por su lucha en favor de los pueblos originarios. Algo más de cuatro siglos después, y como continuando la labor de Bartolomé, fue nombrado en 1959 don Samuel Ruiz, a la edad de 35 años, obispo de Chiapas (siendo el más joven del episcopado mexicano de esos años). Había nacido el 3 de noviembre de 1924 en Irapuato. Estudió primero en León; obtuvo su doctorado en hermenéutica bíblica en la Gregoriana de Roma. Era un hombre letrado, director del seminario de León (como Miguel Hidalgo lo fue del de Valladolid). Asistió al II Concilio Vaticano, participando todavía dentro de las filas del episcopado conservador. Le tocaron tiempos de profunda renovación de la Iglesia y las convulsiones políticas del 68. En ese tiempo cambiará drásticamente su posición teórica y práctica. Será su comunidad indígena maya la que lo confrontará con la miseria, la opresión, la dominación política, económica, cultural y religiosa que la oligarquía chiapaneca había orquestado como herencia de los conquistadores y de los terratenientes contra ese pueblo originario. El joven obispo sufre una conversión radical. Ya en 1968 fue uno de los cuatro oradores (sobre el tema de la pastoral indígena) en la Conferencia de Medellín del Celam, donde manifestó su calibre latinoamericano. Brillará en América Latina como miembro de una camada de obispos que optaron por los pobres del continente, junto a Helder Camara, en Brasil; Leónidas Proaño, en Ecuador, y Óscar Romero, en El Salvador. Será uno de los reformadores de la Iglesia, fundamentando bíblicamente la revolucionaria teología de la liberación que estaba naciendo. Pero aún más, la llevó a la práctica con su pueblo indígena chiapaneco. Aprendió dos lenguas mayas y se transformó en el profeta de su pueblo. Esto le traerá grandes enemistades, persecuciones, aun de aquellos que hoy, después de su muerte, lo ensalzan. Decía de él, y de don Samuel, el obispo de Cuernavaca don Sergio Méndez Arceo: Nosotros unificamos al episcopado mexicano. ¡Todos están contra nosotros!” Perseguido por los potentados, los terratenientes, los políticos y hasta por algunos de sus sacerdotes, con indomable brío, con paciencia de indígena, con sacrificio titánico, recorriendo innúmeras veces su diócesis en camioneta, avioneta o a caballo, estaba presente consolando, alentando y dirigiendo a las “comunidades” mayas. Todas lo tenían por tatik (como el tata de los tarascos que fue Vasco de Quiroga); nombrado por ellos mismos “Protector del pueblo indígena”. Contra viento y marea, y contra la opinión de muchos en el Vaticano (que como decía San Juan de la Cruz a un hermano observante estricto: “¡Cuídate de ir a Roma, partirás descalzo (reformado) y volverás calzado (corrompido)!”), transformó la Iglesia y la sociedad chiapaneca, educó a los líderes indígenas, que de catequistas llegaron a ser diáconos. ¿Qué fueron muchas y muchos comandantes zapatistas sino catequistas de don Samuel Ruiz? Don Samuel creó proféticamente la conciencia de lucha de su pueblo, del cual, por otra parte, aprendió todo. Por ello, en la celebración de su muerte (no es contradictorio que el pueblo reunido junto a su cadáver exultara un cierto espíritu de profundo regocijo), se gritaba, en algunos casos machete en mano: “¡Samuel vive, la lucha sigue!”; o aquella crítica a la Iglesia de tantas traiciones: “¡Queremos obispos al lado de los pobres!” Esa Iglesia ocupada en la beatificación de su burocracia (cuyo miembro supremo se le vio fotografiado junto a R. Reagan, o a A. Pinochet, y que se encolerizó ante la presencia de un humilde Ernesto Cardenal de rodillas, y sin embargo ministro de Estado de la revolución sandinista, junto al gran cartel en el que se leía en la Plaza de la Revolución: “¡Entre cristianismo y revolución no hay contradicción!”

Don Samuel no fue sólo una figura mexicana. Era una personalidad profética latinoamericana, defensor de los derechos humanos de los humildes, de los inmigrantes en toda Centroamérica. Era una figura mundial, recibiendo premios internacionales y doctorados honoris causa en las más diversas y encumbradas universidades en reconocimiento a su pensamiento y a su acción.

Don Samuel es, junto a don Sergio Méndez Arceo, el símbolo más profético de la Iglesia mexicana del siglo XX, y uno de los pastores más importantes de la pastoral indígena en nuestro continente y el mundo. No queda sino alegrarse con el pueblo cuando exclamaba: “¡Samuel vive, la lucha sigue!” Como Walter Benjamin escribía, se trata de un “mesianismo materialista” (si por “materialista” se entiende cumplir responsablemente con los deberes para con la vida de los pobres y explotados, como los indígenas chiapanecos). Samuel fue heroicamente consecuente con aquél: “¡Tuve hambre y me dieron de comer!” (que del Osiris egipcio pasó a Isaías y al fundador del cristianismo, del cual Samuel fue un digno testimonio).

* Filósofo, emérito de la Universidad Autónoma Metropolitana

http://www.jornada.unam.mx/2011/01/26/index.php?section=opinion&article=007a1pol

 

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