CARTA DE LAS Y LOS AGENTES DE PASTORAL:

MISIONERAS/OS, MINISTERIOS, SERVICIOS Y COMUNIDADES DE LA IGLESIA DE SAN MIGUEL DE SUCUMBÍOS -ISAMIS-

Nueva Loja, 20 de Noviembre del 2010

 

 El día de hoy 20 de noviembre del 2010, se realizó en el Centro de Formación ISAMIS, el Encuentro entre el P. Rafael Ibarguren, Administrador Apostólico, y los Heraldos del Evangelio por una parte, y l@s ministerios y misioner@s por otra parte. Participaron de esta reunión 170 personas. Es el primer encuentro que se realiza desde el pasado 30 de octubre. Es importante anotar que en vista a las situaciones que se presentan, se acordó realizar una Asamblea Diocesana Extraordinaria para el próximo 10 de diciembre.

 

 Monseñor

Rafael Ibarguren Schlinder

Administrador Apostólico

Presente

 

Las/los Agentes de Pastoral de la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos -ISAMIS-, damos a usted la más cordial bienvenida, con la tradicional actitud de apertura que nos ha caracterizado, y pedimos al Dios de la Vida nos acompañe con su Espíritu para poder hacer juntas/os el camino como discípulas/os misioneras/os de Jesús para bien del Pueblo de Dios de Sucumbíos.

Corrían los años 70 del siglo XX, y cuando todavía no se habían apagado los ecos del Concilio Vaticano II y de la Asamblea de los Obispos Católicos de América Latina –CELAM- en Medellín, Colombia, 1968, llegaban a estas tierras del nororiente ecuatoriano, Monseñor Gonzalo López Marañón con un grupo de jóvenes carmelitas a hacerse cargo de la Prefectura Apostólica de San Miguel de Sucumbíos, que desde 1937 había sido encomendada a los Padres Carmelitas Descalzos de la Provincia de San Juan de la Cruz de Burgos –Castilla en España.

Ya en el Concilio Vaticano II se puso en práctica a nivel de toda la Iglesia el método de ver- juzgar- actuar, ideado por Monseñor Cardijn, fundador de la JOC –Juventud Obrera Católica- y como usted sabe reafirmado en la Conferencia de Aparecida-

VER

¿Qué veíamos los misioneros en Sucumbíos? Una realidad bastante confusa, variada, variable y cuestionadora:

La nueva era petrolera

La guerra de Israel con Egipto a finales de los años 50, cerró el Canal de Suez, en Egipto, con lo que el petróleo de los países árabes tenía que ser transportado en grandes buques dando la vuelta por Suráfrica. Este hecho obligó a las petroleras, especialmente a la Texaco-Gulf a poner los ojos en el Ecuador. En 1968 se perforó el primer pozo en Lago Agrio, luego siguieron otros y muchos más en Shushufindi y Sacha. En 1972 se inicia la época petrolera con el bombeo del primer barril de petróleo desde Lago Agrio hacia Esmeraldas. Ni qué decir tiene que desde entonces la contaminación, la falta de garantías de los obreros petroleros en sus reivindicaciones laborales, el desprecio más brutal hacia los indígenas y los recién llegados colonos, la creación de una élite de privilegiados entre los obreros petroleros y una gran masa de obreros sin ningún derecho ni beneficio. Todo esto fue el pan de cada día. Los gobiernos de aquel entonces declararon la zona “DE SEGURIDAD NACIONAL”. Todo intento de protesta laboral era deslegitimado y negado.

Nueva colonización

El gobierno del Dr. Velasco Ibarra encontró en el nororiente la solución inmediata a las consecuencias de la larga sequía que venía padeciendo la Provincia de Loja. Miles de campesinos lojanos emprendieron el éxodo desde sus polvorientas tierras de la querida y amada tierra a las exuberantes y esplendorosas tierras de Sucumbíos. Pronto se les unieron a ellos miles de bolivarenses, orenses, manabitas y esmeraldeños.

Aquí no había sido preparado nada: ni planificación de ciudades, hospitales, carreteras, escuelas… Sólo dos cantones Sucumbíos y Putumayo en los dos extremos del territorio vivían aislados y e incomunicados del recién creado Lago Agrio.

Sólo el tesón y la lucha de los/as moradores/as hicieron posible la creación de nuevos recintos, parroquias y provincias.

Surgieron por doquier infinidad de organizaciones: de padres y madres de familia, comités de parroquialización, cantonización, linderación y legalización de las tierras, entre otros, que fueron exigiendo a los gobiernos de turno los derechos que les correspondían por ecuatorianos.

Los pueblos indígenas

Los cofanes y los sionas fueron los pueblos ancestrales y originarios de estas tierras. A ellos se les unieron los secoyas venidos de Perú en la guerra de 1941. Anteriormente varios grupos de kichwas habían sido llevados del Napo a los ríos Putumayo y San Miguel para trabajar en el caucho. A partir de 1970 con la era petrolera llegaron también kichwas venidos de Pastaza, Tena y Archidona y shuaras originarios de Morona Santiago y Zamora.

Dueños y amos de estas tierras al no tener un título legal ante el Estado, buena parte de sus tierras, calificadas como “BALDÍAS” fueron entregadas primero a las compañías petroleras y más tarde a los nuevos colonos por el Instituto Ecuatoriano de Reforma Agraria y Colonización –IERAC-. Todo esto obligó a la creación de la Jatum Comuna Aguarico para la conseguir la tenencia y legalización de las tierras comunales.

La frontera

Ecuador llegó tarde y mal a la frontera nororiental. Para finales de la década del 70, la mejor madera de los ríos San Miguel y Putumayo ya había sido explotada por madereros colombianos. Recién a finales de los 70, se construye la carretera Lago Agrio-La Punta y a principios de los 90 la carretera Tarapoa - Puerto El Carmen.

Pronto en el lado colombiano vecino, esos lugares marginados fueron escogidos por el narcotráfico para sembrar miles de hectáreas de coca por los carteles de Cali y Medellín: la violencia más ciega y brutal se adueñó de las riberas de los ríos San Miguel y Putumayo, la vida no valía nada.

Más tarde grupos armados al margen de la ley se disputaron inmensos territorios en esa zona del vecino país. La fumigación con glifosato, las masacres y amenazas provocaron el éxodo de familias del suroeste colombiano a Sucumbíos, con las secuelas de dolor, muerte y sufrimiento.

 

JUZGAR

Monseñor Gonzalo López Marañón y los nuevos equipos de misioneros y misioneras comenzamos a elaborar un nuevo plan pastoral frente a los desafíos de esta realidad, iluminados/as por la Palabra de Dios, la tradición de la Iglesia, los nuevos documentos del Episcopado Latinoamericano y Ecuatoriano, las Encíclicas Papales.

 

ACTUAR

Este nuevo plan de pastoral tenía como ejes los siguientes:

  • La opción preferencial por los/las pobres
  • La creación de comunidades eclesiales de base
  • La lectura popular de la Biblia
  • La revitalización de la Liturgia y los Sacramentos
  • La religiosidad Popular
  • La formación de nuevos ministerios laicales

En el plano educativo, educación formal con colegios fiscomisionales: hispanos y bilingües. La educación informal con los centros de alfabetización y Comités de Padres y Madres de Familia.

En el plano de la salud, atención a dispensarios médicos y formación de promotores/as populares de salud.

En el plano de promoción humana, entendida como el paso de estructuras injustas y menos humanas a estructuras justas y más humanas: creación de la Oficina de Derechos Humanos, de la Radio Sucumbíos “su compañera solidaria”, el acompañamiento a organizaciones de moradores/as, sociedad civil –ASCIS-, campesinos/as –UCANO-, indígenas –kichwas, shuaras, secoyas, cofanes y sionas-, mujeres –FMS-, promotores de salud –ACOPSAS-, padres y madres de familia –APAFANO-, participación en las reivindicaciones populares y en las mesas de diálogo.

En el plano eclesial creación de estructuras de comunión y participación: asambleas de misioneros y misioneras, asamblea diocesana, consejo diocesano, consejos zonales, las cuatro pastorales y sus respectivos consejos, la Escuela de Ministerios, la pastoral social y sus servicio pastorales.

La creación de un Centro de Espiritualidad para ministerios, misioneros/as, comunidades  y líderes populares.

Podemos ver que en los últimos 40 años, con la animación y orientación de Mons. Gonzalo López Marañón, hemos mantenido el sueño de la “Liberación[1] integral de hombres y mujeres[2], desde los pobres[3], por la causa del Reino[4]”, lo que ha dado a nuestra Iglesia un talante de Iglesia Comunidad[5] Ministerial[6] al servicio del Reino encarnada en los diferentes pueblos y culturas[7] de esta Provincia.

Al ritmo de esta búsqueda, esta Iglesia local, -confirmada por la elevación a Vicariato Apostólico el año 1984[8]-, ha ido tomando rostro propio, con estas características:

  • Compromiso misionero dentro de una pastoral de conjunto
  • Creación y multiplicación de Comunidades y ministerios en casi todos los rincones de la provincia
  • Concepción y desarrollo de una Pastoral Social como parte integrante de la misión evangelizadora de la Iglesia que camina con los dos pies –Evangelización y Pastoral Social hacia el Reino: defensa de la Vida, de los derechos Humanos y del ambiente; promoción de la dignidad de la persona humana con énfasis en la equidad de género; opción por los/las pobres y sus justas reivindicaciones: indígenas, negros, campesinos, urbanos y migrantes; búsqueda de condiciones de vida dignas, justas y solidarias
  • Economía Comunitaria vivida en la comunión de bienes de los equipos misioneros y la Pastoral del Compartir de las comunidades
  • Creación y fortalecimiento de estructuras de comunión y participación donde los laicos y laicas van asumiendo su responsabilidad en la Iglesia: Consejos de pastoral en los diferentes niveles (Zonal, de Unidad Pastoral y Diocesano), Coordinación de Servicios Pastorales, Equipos Misioneros Ampliados, etc.
  • Creación de las Unidades Pastorales (Indígena, Negra, Campesina y Urbana), que desafían a nuestra Iglesia a  una Evangelización cada vez más inculturada.
  • Caminar conjunto desde hace 20 años con las Iglesias Hermanas y de Frontera.

Por todo ello, podemos afirmar que somos una Iglesia en camino, que cuenta con un Plan Pastoral de Conjunto y con estructuras de comunión y participación[9], sin perjuicio de las responsabilidades que le competen al Obispo o Administrador Apostólico, como Pastor del Pueblo de Dios en Sucumbíos.

Ante el cambio de dirección y de orientación que experimenta ISAMIS, dispuesto desde el Vaticano, hemos sentido la necesidad de compartirle nuestras inquietudes para que se respeten todos aquellos procesos y criterios, que a lo largo de nuestra historia nos han dado vida.

Por ello pedimos encarecidamente a usted:

  • Visitar y conocer, “in situ”, todas y cada una de las zonas y sectores en las que se agrupan las comunidades cristianas de nuestro Vicariato, empezando por las más alejadas y necesitadas, al estilo del Buen Pastor que conoce a sus ovejas y ellas le conocen a él [10].
  • Conocer más profundamente, respetar y apoyar con decisión el proceso de Iglesia Local de Sucumbíos:
  • Acogiendo el actual Plan Pastoral de Conjunto, fruto del Primer Sínodo del Vicariato, con sus Objetivos, Líneas Pastorales y estructuras vigentes
  • Insertándose en el Proceso de Evaluación y Planificación, actualmente en su segundo año, como aplicación de la Misión Continental a la que nos llama Aparecida y en estrecha relación con el Plan Global de la Iglesia Ecuatoriana
  • Integrando en el Consejo Jurídico del Vicariato a tres personas que representan a nuestra Iglesia: Un representante del Clero Diocesano. Una representante de las/los servidoras/es y ministerios laicales. Una representante por los Carismas Congregacionales
  • Preservando la identidad y función de la Casa Diocesana y de los Servicios Diocesanos, para que sean de verdad “Casa de la Iglesia” y servicios de la Iglesia local
  • No perder y más bien continuar la pastoral social como parte integrante de la misión evangelizadora de la Iglesia, como intuición profética en la defensa de los derechos y la dignidad del pueblo como expresión de una Iglesia servidora del Reino, en esta zona tan compleja y conflictiva.
  • Respetar  y valorar la dignidad y responsabilidad de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, según el espíritu de la Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia.
  • Atender las urgencias pastorales proveyendo, entre otras medidas, de presbíteros a las zonas, sectores y pastorales actualmente desprotegidos, con criterios de equidad y de proporcionalidad, en cuanto al derecho a la Eucaristía y al acompañamiento pastoral.

Finalmente, le invitamos a quedar juntos/as a la escucha del Vaticano II que nos recuerda que “la Iglesia por esencia es misionera y si no lo es, no es Iglesia”, y recibamos el llamado de Aparecida que dice: “La Iglesia necesita una verdadera conmoción que le impida instalarse en la comodidad, el estancamiento y la tibieza, al margen del sufrimiento de los pobres del continente. Necesitamos que cada comunidad cristiana se convierta en un poderoso centro de irradiación de la vida de Cristo. Esperamos un nuevo Pentecostés que nos libre de la fatiga, la desilusión, la acomodación al ambiente; una venida del Espíritu, que renueve nuestra alegría y nuestra esperanza”.

Atentamente,

 

AGENTES DE PASTORAL: MISIONERAS/OS, MINISTERIOS, SERVICIOS Y COMUNIDADES DE LA IGLESIA DE SAN MIGUEL DE SUCUMBÍOS -ISAMIS-

 

 
[1] Liberación: Rom 6,18; 1P 2, 16-17; Gal 5,1; Sal 105; 1 Cor 3, 23-24
[2] Dignidad Humana Is 32, 7; GS 78; P 64,69; MM 215.  Mujer Jn 4, 27; Lc 7, 36-50; Jn 8,3; Lc 11,27; Mc 5, 24-33, Lc 8, 2-3; FC 22; P 847,848,839, 843, 845; SD 104
[3] Pobres: Ex 1, 9-14; 6, 5-8; 22, 21-26; Lv 25, 1-43; Ecl 4, 1-ss; Sl 72, 1-4.12-14; Is 1, 14-17; 9, 3-6; 10, 1-2; 14,27; Prov 14,31; 17,5; 22,22; 29,7;  Job 24, 1-11; 24, 1-11; Mt 11,5; Mt 19,21; Mt 25, 31-46; Lc 4, 14-19; Lc 6, 21-26;
[4] Reino: Sir 4, 1-10; Sal 72(71); Mt 4,23; Mt 5, 3; 5,11; 6,33; 7,21; P 193; 226-228; DA 48-53; SD 159-227
[5] Iglesia Comunidad: Gen 1,27; Lc 1,28; 1,35; 1, 42-45.46-49; Gal 3,28; Hch 2, 42-4 ; 4, 32-37; Rom 15,26; 2 Cor 8,4; P 9, 97, 156, 220, 234, 476, 629, 640, 648, 1302; SD 61-63; DA 307-310
[6] Iglesia Ministerial: Hch 6, 1-7; 20, 17-38; Rom 16, 1-16; 1Cor 1, 26-31; 12, 12-31; LG 31; Mc 10, 42-45; Lc 1,47; 19, 11-27; 22, 27; Heb 11,27;P 625, 697, 698, 699, 715, 804, 805, 811, 812, 813, 814, 833, 845, 858; EN 73; P 816, 817, 815; SD 76, 77, 111
[7] Pueblos y culturas: Mt 1, 22; Lc 15, 4-6; Jn 1, 14; Hch 17,22; Flp 2,7; Hb 2, 17; PP 40; P 388, 404, 426, 427, 899, 1188; CT 53; EN 20; SD 228-286; DA 477-479
[8] Iglesia Local: SD 55-56
[9] Comunión y Participación: P 212, 215, 326, 378, 470, 655, 667, 923
[10] Buen Pastor: Jn 10, 14-15

 

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