CORREA vs IGLESIA

Frente Montecristi Vive rechaza toda forma de autoritarismo

 

“Ud. se ha manifestado excesivamente violento, señor García. El acierto está en la moderación, y fuera de ella no hay felicidad de ninguna clase. ¡Cuánto más mérito hay en dominarse a sí mismo que en dominar a los demás! El que triunfa de sus pasiones ha triunfado de sus enemigo: virtudes, virtudes ha menester el que gobierna, no cólera ni fuerza. La energía es necesaria, sin la menor duda; pero en exceso y a todo propósito, ¿qué viene a ser sino la tiranía? Los pueblos nunca confiaron el poder a nadie para la satisfacción de inmorales aspiraciones y caprichos, sino para fines muy diversos”. Juan Montalvo, "La Bodeguita de Yaguachi", 26 de septiembre de 1860. Carta a Gabriel García Moreno

 

En el marco de la campaña de la Consulta Popular asistimos a un nuevo enfrentamiento del gobierno de Rafael Correa con la cúpula de la Iglesia Católica ecuatoriana. Correa le que acusa de inmiscuirse en política, a causa de las últimas declaraciones de la Conferencia Episcopal. Con dicho enfrentamiento el presidente pretende refrescar la memoria de los ecuatorianos en relación a la controversia levantada en 2008 a propósito de la aprobación de la Constitución, a la que algunos altos obispos acusaron de promover el aborto y la promiscuidad, mientras que para el presidente Correa es la “Constitución más cristiana” que ha existido.

El conflicto viene precedido de otro muy reciente a propósito del nombramiento del nuevo administrador apostólico de la Iglesia de Sucumbíos. En este caso Correa respondió al pedido de apoyo de los fieles de esa jurisdicción, amenazando con vetar el nombramiento de los Heraldos del Evangelio, en base del “Modus Vivendi”vigente entre el Ecuador y la Santa Sede. En esta ocasión fue la Iglesia quien acusó a Correa de inmiscuirse en asuntos exclusivamente eclesiásticos, y de ventilar públicamente asuntos que deberían tratarse por la vía diplomática.

No es fácil tomar partido por una u otra causa, porque probablemente, en ambos bandos existan razones y sinrazones, pero en todo caso bien vale esbozar algunas reflexiones para intentar un poco de luz al respecto y en todo caso argumentar en defensa de los derechos de los ecuatorianos que participan al mismo tiempo de la condición de ciudadanos del Estado y miembros de la Iglesia católica. Nos parece que son los ciudadanos-fieles los que resultan afectados por el ejercicio de un estilo de poder autoritario tanto por parte del gobierno como de cierto sector de la Iglesia.

Hay que dar la razón a las fuerzas progresistas de la sociedad ecuatoriana que lograron en la Constitución del 2008 reafirmar las garantías de un Estado laico, la separación de poderes y la plena vigencia de la libertad religiosa. Estas fuerzas mayoritarias se impusieron democráticamente también en otros temas sensibles relacionados con la moral individual. Por eso se logró plasmar principios y criterios bastante equilibrados. Hay que recordar que en la campaña previa a la aprobación de la Constitución, ciertos sectores de la Iglesia desinformaron a la población y levantaron temores injustificados que no fueron acogidos por la feligresía.

Sin embargo, las últimas declaraciones de Correa que identifican a la prensa y a sectores conservadores de la iglesia como sus dos más grandes enemigos, atribuyéndoles un papel semejante al que tuvieron en frente a la Revolución Liberal de Alfaro, parecen totalmente exageradas, forzadas y fuera de contexto. Hay que entenderla como parte de la estrategia de campaña por el si a la Consulta que el presidente y sus partidarios llevan adelante. En días de campaña el Presidente parece acordarse de Eloy Alfaro, aunque el resto del tiempo más parece rondarle la figura de Gabriel García Moreno.

En el caso Sucumbíos, el gobierno de Correa tomó partido por los fieles de esa jurisdicción que ejercieron el derecho a la resistencia a la imposición desde Roma de los sucesores del gran obispo monseñor Gonzalo López Marañón. La condecoración al obispo renunciante y el anuncio del “veto” por parte del gobierno ecuatoriano al nombramiento del su sucesor fue bien vista por los sectores progresistas de creyentes y no creyentes, pero fue denunciada por monseñor Antonio Arregui como una interpretación antojadiza del “Modus Vivendi” y como un asunto manejado con imprudencia por el mandatario ecuatoriano.

Lo que debemos destacar en este caso es el talante autoritario, intolerante y regresivo de la corriente conservadora de la Iglesia que, desde ya hace un par de décadas, intenta de manera sistemática desmantelar los avances de las comunidades cristianas que nacieron de la reforma del Concilio Vaticano II y de su recepción en América Latina al calor de las teologías de la liberación, con la imposición de obispos ultraconservadores, totalmente ajenos a la realidad y a las necesidad, al caminar y expectativas de las comunidades. En este asunto no podemos menos que estar de lado de los cristianos que contestaron a la imposición del poder religioso.

En relación con la reacción y acusaciones del presidente Correa ante las declaraciones del la Conferencia de la Iglesia Católica a propósito de la Consulta Popular, nuestra valoración tiene forzosamente que tener matices muy diferentes. Presentar a la Iglesia como enemiga del régimen porque anuncia que en el proceso de la consulta invita a los fieles a reflexionar sobre las consecuencias de un si a la propuesta de reformas a la Constitución y advertir de los riesgos y amenazas a la seguridad jurídica del Estado, a la institucionalidad democrática y a la vigencia de los derechos ciudadanos, es injusto, intolerante y autoritario por parte del presiente Correa.

Es lamentable que el líder de la “revolución ciudadana” cada día revele con más claridad y contundencia su carácter autoritario, intolerante y monopólico. El propio organismo electoral pone de manifiesto la gran ignorancia existente en la población acerca de las preguntas de la Consulta y su contenido. El presidente debería dar la bienvenida a la colaboración de las iglesias para que la gente pueda conocer, reflexionar y dar un voto consciente en las urnas. ¿A qué le tiene miedo el mandatario? Además la consulta, para serlo y por su propia naturaleza, exige que la población pueda discrepar de la postura oficial del la propuesta, si no ¿para qué la consulta? Quienes están por el No, no pueden ni deben ser considerados como enemigos del gobierno.

Además, el presidente Correa cae en lo mismo que critica y lo hace de peor manera. Rechaza que desde el ámbito de la fe religiosa se reflexione y cuestione las preguntas, sin embargo el mismo plantea la consulta en ese terreno cuando pide a la ciudadanía que crean en él y le den el si a ojos cerrados. Cada vez más el Gobierno y el movimiento de la oficialista es mas manejado como un congregación obediente dirigida por un pontífice autoritario y dogmático que no tolera la crítica y la disidencia y que excomulga y condena a todos aquellos que se atreven a desviarse de su“ortodoxia”. Tan malo es el clericalismo que usa de la religión para fines políticos como el “constatinismo” que usa la política con fines religiosos.

Por eso estamos en contra de toda forma de gobierno, sea éste religioso o político, que abusando del poder manipule la conciencia de los ciudadanos, invocando argumentos y motivaciones ajenas a los verdaderos intereses y necesidades de las personas. Por eso salimos en defensa de quien tiene la razón cuando la asiste, sin caer en maniqueísmos ni mesianismos, dogmatismos y autoritarismos. Aspiraríamos que tanto la jerarquía eclesiástica como los líderes políticos, destierren de sus prácticas, estilos medievales del ejerció del poder y se pongan al día de las exigencias del siglo XXI que son exigencias de mayor democracia, tolerancia y respeto. Ya no estamos para monarquías religiosas ni políticas. Si no, pruebas al canto: lo que está sucediendo en Oriente Medio.

29/03/11

 

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