LA JUSTICIA PRAXIS ESENCIAL AL EVANGELIO

Por Santiago Ramírez

 

1. DIOS ES EL JUSTO

Dios es justo, "el Dios santo que muestra su santidad por su justicia" (Is 5,16). La justicia es la revelación de la santidad de Dios.

Sabemos que Dios es santo porque es justo. Por tanto, la justicia es inherente a Dios en sí mismo, en su praxis liberadora y en su revelación como Padre, Madre y Amigo.

1.1. Antiguo Testamento: vinculación entre los pobres y la justicia

El AT manifiesta la estrecha vinculación existente entre la justicia y los pobres tanto si se mira a Dios, como si se mira a los hombres.

a) Dios es quien hace justicia a los pobres, se pone en pie para juzgar y para salvar a los humildes de la tierra (Sal 76, 10). La justicia de Dios con los pobres se manifiesta en misericordia, afecto, ternura y compasión. Es el Dios liberador y misericordioso (Ex 3,15; 33,19).

b) Con respecto a los hombres, la justicia es ejercida no solo con el pobre, sino con el empobrecido o maltratado por otros, es decir, con el indefenso (Is 10,2), pues no hicieron justicia al huérfano y a la viuda (Jer 5,28; Prov 31,9); ya que conocer a Yahweh es hacer justicia y equidad, es vindicar al oprimido, "eso es conocerme", dice Yahweh (Jer 22,15s).

1.2. Dios justifica

Dios justifica, ésta es la dimensión radical de la justicia, es decir, la justicia que Dios obra en el hombre, haciéndole interiormente justo, santo.

Dios obra en el hombre otorgándole gratuitamente la justicia. A través de esta acción, Dios se revela. Dios es justicia que justifica por caridad y misericordia. Dios obra en amor.

En consecuencia, no se trata de una justicia propia, "sino ser hallado en Cristo, no con mi justicia, la que viene de la ley, sino la que viene por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios, apoyada en la fe" (Fil 3,9).

Dios en Jesús hace justos a los hombres mediante su amor y su Espíritu, y los capacita para amar a los hermanos (Rom 5,1-10). Esta justicia ya se ha realizado en Jesús, pues Jesús muerto y resucitado se identifica con todos los condenados de la tierra y así vindica el derecho de todos los condenados y oprimidos, desenmascara toda injusticia y explotación, y rehace la justicia como participación de la vida del Resucitado: "al que cree, su fe se le reputa como justicia" (Rom 4,5).

Por Jesús, de una sola vez por todas, hemos obtenido la justicia. El es el modelo; su camino y su praxis son definitivas, son inspiración y práctica permanente para nosotros.

Jesús une en su persona las dos dimensiones de la justicia, la justificación que da Dios y las relaciones justas entre los hombres, y de las dos dimensiones hace una sola.

1.3. La justicia brota de la fe

Ciertamente la justicia brota de la fe, viene por creer en Dios y Dios la concede como gracia. "Abraham creyó a Dios y le fue reputado como justicia" (Rom 4,3). Comentando este pasaje, la Biblia de Jerusalén dice que "la fe se confunde concretamente con la justicia. Abraham, considerado justo por la obras según el AT (Sab 10,5; Sir 44,20; 1 Mac 2,52), es visto por Pablo como justo a partir de la fe (Gen 12,1; 15,6), la cual es considerada como el principio de la justicia y de las obras que hizo”.

Por la fe se nos da la justicia de tal modo que fe y justicia van juntas y se identifican.

La justicia que se ha manifestado en Jesús, integra las dos dimensiones:

a)     la justificación de Dios para los hombres. Gracia que interiormente hace justos a los hombres, y que responde a la sed de Dios y a la sed de justicia.

b)    la justicia como cualidad de las relaciones interhumanas.

La justicia entre los hombres es como el signo sacramental de la justicia de Dios justo, santo y verdadero. La justicia es la carne de la santidad.

1.4. Dios se hace nuestra justicia

Jeremías denuncia la situación de dispersión de las ovejas de Israel por causa de los malos pastores. Dios las reunirá por medio de pastores, estarán todas y sin miedo. Tendrán un rey prudente que practicará el derecho y la justicia en la tierra, y éste es el nombre con que le llamarán: "Yahweh, justicia nuestra". Habitarán en su propio suelo. Se cumplirá la justicia en la tierra (Jer 23). "Dios nuestra justicia" (Jer 23,5-6).

Isaías ofrece un amplio contexto en el cual se revela la justicia de Dios: la viña es Israel, cuidada con mimo y en respuesta dio agraces. "Esperaba de ellos justicia y hay iniquidad, honradez y hay alaridos... Ay de los acaparadores e injustos, no contemplan la obra de Yahweh, no ven la acción de sus manos. Serán deportados y tendrán hambre". "El Dios santo muestra su santidad por su justicia. Ay de los que llaman al mal bien, y al bien mal, que dan oscuridad por luz... los que absuelven al malo por soborno y quitan al justo su derecho. Despreciaron el dicho del Santo de Israel. Por eso se ha encendido la ira de Yahweh contra su pueblo (Is 5,8-25).

"El Dios santo muestra su santidad por su justicia" (Is 5,16).

1.5. Nosotros "siervos de la justicia" (Rom 6,18)

Esta es la gracia de la justificación: los que antes eran esclavos del pecado ahora, mediante la liberación de Jesús, han sido hecho "siervos de la justicia". Leído este texto en términos históricos, indica claramente que antes se sirvió a un sistema de injusticia y que ahora se sirve a la justicia, haciendo de la misma una tarea y una misión, proclamar el Evangelio de la Justicia.

Para ello, el Espíritu otorga el "ministerio de la justicia" (2 Cor 3,9), el cual, frente a la letra y a la esclavitud, se da como el nuevo "ministerio del Espíritu, con vida y libertad que refleja la gloria del Señor" (2 Cor 3,18), la que se reveló en la carne de Jesús y `en su praxis liberadora (Jn 1,14).

Por eso, nos preguntamos: ¿Qué se entiende por praxis? Debemos aclarar el sentido en que se emplea la palabra “praxis" en estas páginas referida a la justicia. Praxis es no solo la comprensión adecuada de la justicia y su puesta en práctica, sino que, en este caso, es también la conformidad con la voluntad de Dios, la cual encierra Su Justicia y Su Santidad, su comprensión y su amor de ternura y misericordia.

Damos un paso más comprendiendo a Jesús el que hace la justicia según el Evangelio.

 

2. JESÚS EL JUSTO

Jesús es el justo, "justicia de dios, justicia del hombre". Jesús es el paradigma de la justicia.

2.1. Jesús comienza por cumplir la justicia

Así lo manifiesta a Juan el Bautista antes de recibir su bautismo de penitencia: "conviene que cumplamos toda justicia" (Mt 3,15). Cumplir la justicia es equivalente a realizar la voluntad de Dios y su designio liberador cumplido por Jesús en favor del pueblo.

En efecto, en el momento del bautismo, Dios ha revelado su justicia definitiva, como santidad y liberación histórica del pueblo. Además, Jesús recibe el bautismo de Juan en un rito colectivo, uno más dentro del grupo. Allí se solidariza con los pecadores y con los pobres, comenzando la redención del pecado del mundo. Es el primer signo y profecía de la liberación de Dios, realizada no con palabras sino con los hechos. Jesús ha comenzado la justicia de Dios y la ha revelado desde los pobres.

2.2. Jesús encarna la justicia

La bienaventuranza de los pobres consiste en tener a Dios por Señor y en comprometerse por la paz y la justicia. Es el programa del Reino, el cual se hace visible en la persona de Jesús, pues El es el pobre perseguido por causa de la justicia. La justicia se hace una con su persona, pues hace la voluntad del Padre, haciendo lo que le agrada, viviendo por El y porque sus relaciones con los hombres y mujeres son de justicia, radicadas en el amor del Padre.

Jesús habla de la justicia como santidad y como compromiso con los hermanos, tanto en el sermón del monte como en otros lugares (Mt 5,6.10.20; 6,1.33; 21,32).

2.3. La justicia es la praxis de Jesús

Si Jesús encarna la justicia, también podemos decir que la justicia pertenece a la praxis de Jesús. Le devora la gloria y la santidad de Dios, unida a la libertad y vida de los enfermos y excluidos. Se entrega a esta causa llevando a la práctica la programación de Nazaret: "El Espíritu del Señor sobre mí..." (Lc 4,18-19).

Promueve liberación y gracia para los pobres, ciegos, oprimidos y pecadores, las dos dimensiones inseparables de la justicia total que hace de los hombres, hijos de Dios y hermanos en relaciones equitativas y en condiciones de vida abundante.

2.4. Teofanía en la praxis de Jesús

Por ello, esta praxis de Jesús es una teofanía. La justicia que Jesús realiza revela a Dios Padre, cuyo amor y santidad es justicia. Por lo mismo, la práctica de la justicia lleva a adorar al Dios vivo y verdadero: ejemplo, las curaciones en sábado como descanso y culto que agrada a Dios, porque da la vida y la liberación (Jn 5), la curación de los leprosos, porque así integra a la comunidad y se sienten acogidos por Dios, disfrutan de los bienes y experimentan la salvación por haber creído, y terminan glorificando a Dios y dando gracias (Le 17,11-19), porque además de ser adoración hace que el hombre sea más humano y divino.

2.5. La justicia es el camino del Reino

En efecto, Jesús considera la justicia como felicidad del pobre comprometido en la liberación y en la solidaridad y en la paz (Mt 4,6.9.10). Dios está con el que tiene hambre y sed de justicia y da su palabra de saciarla (Mt 5,6).

Por ello la práctica de la justicia encuentra su lugar exacto en el Reino y es inseparable de él. Por esto Jesús une Reino y justicia. Dice, "busquen primero el Reino de Dios y su justicia y todas esas cosas se les darán por añadidura" (Mt 6,33). Se refiere a la subsistencia y a la salud. Dedicarse a la justicia del Reino tiene prioridad absoluta entregándonos decididamente a su realización.

Jesús dice de Juan que anunció el Reino por el camino de justicia y creyeron en él los publicanos y las rameras, mientras que los fariseos no creyeron (cfr. Mt 21, 30-31).

2.6. Discipulado en la justicia

En consecuencia el seguimiento de Jesús es un discipulado consagrado a la causa de la justicia haciéndose pobre para entregarse al servicio de los pobres (Mt 19,21). Pues, en ellos, la justicia se encuentra rota por hallarse bajo la explotación inhumana y mortífera.

Aquí tiene lugar la experiencia inequívoca de Dios. La praxis de la justicia es camino de fe en el cual Dios se hace presente y se comunica, como ya hemos visto, en su mismo ser.

2.6. Declaración final: Jesús es el Justo

Jesús no solo ha encarnado la justicia de Dios mediante su praxis, sino que la justicia es su propia persona, en su cuerpo y en la fidelidad culminada de santidad y justicia en la cruz. Llevó en su carne la justicia hasta el fin e hizo plenitud de la justicia.

Así la atestiguan los que lo vieron morir y el Evangelio: "Ciertamente, este hombre era justo" (Lc 23,47), "verdaderamente ésta era hijo de Dios" (Mt 27,54).

Ha sido plenificada la praxis de la justicia, comenzada en el bautismo, ratificada en las tentaciones, colocándose en debilidad y pobreza junto a los últimos para llevar a cabo el único camino de verdadera justicia de Dios.

La bienaventuranza de la justicia, hecha por el pobre del Reino, ya es visible en el crucificado, en El está la paz por la que será llamado "Hijo de Dios" (Mt 5,9; 27,54). La justicia es el crucificado. Los Hechos dicen que Jesús, el Siervo, es "el Justo" (He 3,14; 7,52; 22,14). Dios lo hizo justicia, al resucitar de la muerte al que fue crucificado, Jesús (cfr 1 Cor 1,30).

El Padre revela a Jesús como Su Justicia, Su Palabra definitiva de Dios. La presenta como la justicia encarnada en la historia. La vida de Jesús fue justicia. Por lo mismo, El es el camino, la verdad y la vida de la justicia. Nadie va al Padre si no es por la identificación con Jesús el Justo.

Es claro que la justicia es determinante para comprender la totalidad de la persona de Jesús, Hijo de Dios y para vivir siguiendo sus huellas.

 

3. PRAXIS DE LA JUSTICIA

En lógica con el ejemplo de Jesús, seguirle es comprometerse en la justicia, viviendo como El vivió (1 Jn 2.6) y por lo mismo toda espiritualidad vive de la justicia, regalo y praxis del Espíritu Santo.

El justo vive por la fe (Rom 1,17; Heb 10,38), así es en verdad, el justo se apoya en ella creyendo en Jesús (Rom 3,21) y por lo mismo su entrega a la justicia es fuerza de Dios y fuerza del Evangelio (Rom 1,16).

Quien cree trabajar por la justicia, ya que fe y justicia están íntimamente unidas no solo en cuanto gracia de justificación, sino también en la dinámica de las relaciones sociales. Igualmente se hallan unidas porque ambas se definen como praxis.

3.1. La fe es praxis

Veamos, la fe es el encuentro con Jesús, creyendo en El por el Espíritu Santo y en entrega confiada a su persona. Esta experiencia se traduce en un estilo o modo de vida que lleva consigo convicciones y criterios. La fe por tanto es una praxis, es decir, comprensión global de Dios y de su proyecto del Reino, y su puesta en acción, en permanente conversión y dinámica de fidelidad. Esta praxis creyente es realización de la fe.

Por eso, según lo dicho, se dan obras que son fe sin saberlo. Jesús halla fe en el pueblo desorientado de Israel y en los paganos, no por la profesión explícita de Dios, sino por su manera de actuar o de reaccionar ante su persona o su mensaje y ante la situación en que se encuentran: enfermedad, pobreza, opresión... En Mt 25,31-46 se juzga a las personas no por la fe, sino por su praxis en socorrer al necesitado, pues, sin saberlo, lo hacían a Dios.

Se da por tanto una prioridad, en este contexto de Mt 25, de las obras de misericordia, derechos humanos de sobrevivencia, en una palabra, "justicia".

Y hay obras que no son fe, incluso la niegan por poner la confianza en las obras y en la propia justicia. Jesús no halla fe en los escribas y fariseos, sino obras, lo que Pablo llama "obras de la ley" (Rorn 3,29). Obras, pura formalidad y observancia de un sistema de pureza y santidad, de costumbres y de leyes a medida de los intereses humanos. Pagan el diezmo del comino y "descuidan lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe" (Mt 23,23).

Por lo mismo, la fe se realiza en las obras, a partir de la fe como gracia. Lo dice Jesús: No todo el que me diga Señor, Señor, entrará en el Reino sino el que haga la voluntad de mi Padre (Mt 5,21-27).

Esta misma unidad es descrita en la carta a los Efesios, al decir que hemos sido salvados por la fe, don de Dios, que somos hechura suya, creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos" (Ef2,8-10). Y la 2 Cor 5,16-21: "El que está en Cristo es una Nueva Creación... lodo proviene de Dios que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación... a quien no conoció pecado le hizo pecado por nosotros para que viniéramos a ser justicia de Dios en El". Es decir, por la reconciliación y la justificación de Dios en Jesús somos hechos nueva creación y justicia de Dios, a imagen de Jesús. Las obras en Jesús son consecuencia de la fe y gracia preparada por Dios desde siempre.

La carta de Santiago es más fuerte al decir que la fe sin sobras está realmente muerta (Stgo 2,14-17) y las obras son: ayudar a los que están desnudos o carecen del sustento diario (Stgo 2,15-16); "la religión pura e intachable ante Dios Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en la tribulación" (Stgo 1,27).

A partir de la perspectiva bíblica que acabamos de desarrollar, la praxis profesa la fe en Dios, pues en sinceridad y rectitud hace las obras que son voluntad de Dios, de algún modo lo expresa la carta de Santiago: "yo te probaré por las obras de mi fe" (Stgo 2,18).

En consecuencia, fe y praxis forman una unidad indiscutible, y así lo vemos en Jesús. Jesús cree y libera (Mc 9,23-26), inicia y consuma la fe soportando la cruz y la contradicción de los pecadores en un sistema de injusticia (Heb 12,2-4). Esto queda avalado por todo el evangelio de Juan, y ver la praxis de Jesús como la justicia y la voluntad liberadora de Dios (Mt 4).

3.2. La justicia es una praxis que toca el corazón de todo sistema social

La justicia es la praxis de Dios en santidad y equidad para todos. Esta se ha hecho historia de liberación, revelación de la praxis del amor eficaz de Dios, lo cual se ha revelado en Jesús como ya se ha dicho.

Según el Antiguo y el Nuevo Testamento la ejecución del misterio liberador de Dios ha entrado en conflicto con el mundo de pecado, éste bien estructurado socialmente tanto en los imperios que oprimen a Israel, como en el interior del pueblo de Israel, ya en tiempo de los patriarcas y de los jueces, pero con injusticia clamorosa en tiempo de los reyes.

El evangelio de Juan presenta a Jesús como la luz en lucha con las tinieblas: "ya la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron" (Jn 1,5). El conflicto llega a su culmen al desenmascarar la falsa luz de los dirigentes judíos, constituida en sistema injusto y a quienes declara ciegos y en pecado (Jn 9, 41), además lo llama "mundo, estructura en oposición a Dios y por quien no ruega (Jn 17,11).

Jesús evangeliza, da libertad al pueblo paralizado Un 5), luz al ciego )Jn 9), y vida al muerto (Jn 11). Estas son las obras de la justicia del Evangelio de Dios.

Por esto y por cuestionar al autoritarismo del poder civil y religioso, y rectificar el sentido del templo y del sábado, Jesús se hizo reo de muerte, pues "solivianta al pueblo, enseñando por toda Judea, desde Galilea donde comenzó, hasta aquí" (Le 23,5).

Jesús ha tocado el corazón del sistema y éste no lo tolera. Pero Jesús atravesaba ciudades y pueblos mientras caminaba a Jerusalén (Le 13,22). De este modo afirmaba su voluntad de subir a Jerusalén (Le 9,51). ¿Por qué tal voluntad y determinación? Porque "no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén" (Le 13,33). El profeta llevado por el Espíritu emprende el camino de la justicia desde la periferia hacia el centro. Allá da testimonio (cfr. Ap 11,8: los dos testigos). Y Herodes, representante del sistema, no podía impedir el avance de Jesús (Le 13,32).

3.3. Hacer la justicia: santidad y fortaleza de Dios

Si hacer la justicia es tocar el corazón de todo sistema social, es claro que emprender esta tarea sólo se puede hacer llevados por el Espíritu y confiado en Dios. sin pretender apoyarse en las propias fuerzas y teorías. Más aún, cuando la estructura social está envuelta en pecado, entonces se desata la conflictividad y la persecución. Se reciben injurias, y con mentira se propala toda clase de mal. Esto es un signo de tener la seguridad de que Dios está con el pobre que hace la justicia, que Dios le ama y le sostiene con su gracia. Se tiene la alegría de poseer ya el Reino y la recompensa de los profetas (Mt 5,10-12).

Se avanza con la mirada puesta en Jesús para emprender las obras de la justicia y santidad en unión con Jesús y sus sentimientos. En fidelidad y lealtad al Justo y a los hombres, en verdad y veracidad, en claridad y determinación, con la libertad y definición con la que obró Jesús, y por amor y misericordia en la misma gratuidad que viene de Dios Padre y Madre por los últimos y desfigurados.

Contando con la oración permanente de Jesús que nos alcanza del Padre su cuidado, la unión con El, ser guardados del maligno sin ser retirados del mundo donde hay que hacer la justicia y la lucha, y allí ser santificados en la verdad, y gozar del amor con que el Padre ama a su Hijo Un 17,9-26).

Esta santidad queda verificada por la entrega a los hermanos, poniendo por obra el amor de Dios. Se personifica en la justicia que tiene misericordia (Mt 25). Santidad en medio del mundo, viviendo la pasión de Dios por sus hijos e hijas, en comunión con el Padre por su Hijo Jesucristo, participando Su Amor y Su Pasión en el Espíritu: "Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios".

La justicia nos hace santos como "Dios manifiesta su santidad por su justicia" (Is 5,16). Este es el criterio inequívoco de identificación con Dios. Es el camino de la íntima y gozosa unión con Dios. Hacer justicia y equidad y vindicar al oprimido, esto es conocer a Dios (Jer 22,16).

Finalmente, la justicia es la revelación de Dios. El se da a conocer y hace partícipe de su amor y proyecto a quien vive en la justicia por la fe. En verdad Dios es justo: he aquí la sabiduría de los pobres otorgada por el Espíritu.

En consecuencia, hacer justicia es una espiritualidad connatural al Evangelio, auténtico seguimiento de Jesús en su praxis liberadora, don del Espíritu Santo, experiencia de Dios.

Los profetas nos confirman y nos han precedido en este camino espiritual. En ellos la clave de su experiencia de Dios está en el compromiso con la justicia. Para Isaías hacer justicia es adorar y dar culto a Dios, en concreto: liberar de la maldad, soltar del yugo, socorrer al hambriento, al desnudo y al que no tiene hogar. "Entonces brotará tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Te precederá la justicia; la gloria de Yahweh te seguirá. Entonces clamarás, y Yahweh te responderá, pedirás socorro; y dirá: Aquí estoy" (Is 58,8-9).

Otro tanto se concluye de la contemplación de la historia de Israel que tiene como sujeto colectivo al pueblo junto a los profetas. Se está en favor de la causa de Dios en los oprimidos, llevada adelante como praxis de justicia y liberación.

La historia del pueblo de Dios es una permanente tensión y camino de liberación, en cada época, luchando y saliendo de la esclavitud, opresión e injusticia, hacia la tierra de libertad y de justicia, paz y vida abundante, para adorar, glorificar y dar gracias a Dios. Claramente se expresa en el paradigma del Éxodo, fundamento y clave de toda auténtica experiencia de Dios (Ex 3,12).

El Rey prometido, El Mesías, es aquí que "hará justicia a los humildes del pueblo, salvará a los hijos de los pobres y aplastará al opresor" (Sal 72,4). Es igualmente la ternura y la justicia de Dios, por eso se apiadará del débil y del pobre (v. 13), con El florecerá la justicia y la paz (v. 7), habrá abundancia de trigo en la tierra (v. 16), en él, Dios será bendito, el único que hace maravillas (v. 18). El Rey es un sacramento de la justicia de Dios, Dios está en El.

Por fin, Dios se revela a su pueblo como justicia escatológica, es decir con novedad y plenitud de vida, creando cielos nuevos y tierra nueva en los que habrá gozo y regocijo, habrá vida abundante en tierras y casas propias y el pueblo vivirá (Is 65,15-25).

Los profetas han confirmado que la experiencia de Dios está estrechamente unida a la praxis de la justicia y que en ella somos hechos partícipes de la Santidad de Dios.

3.4. La justicia se hace vida con todas las creaturas

El misterio de liberación encerrado en Dios es justicia y amor evidenciado en la opción por los pobres, gracia de misericordia por todos, vida y santidad para todo el pueblo. Se extendió a la creación entera, que al igual que los hombres y mujeres fue sometida a la vanidad y espera ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios (Rom 8,20-21).

Las criaturas son partícipes con nosotros de la vida de Dios en un gran ecosistema que a todos los sostiene, necesitado de justicia y de amor para que pueda cultivarse la convivencia en armonía y equilibrio; para ello es necesario defender la biodiversidad y juntos glorificar al Dios de la vida.

3.5. Hacia la práctica de la justicia

En conclusión de la reflexión que antecede, puede señalarse a modo de criterios:

·  Hacer la justicia en unión con Jesús y sus sentimientos, en verdad y fidelidad; claridad y determinación definida: por amor y misericordia.

·  Buscando la equidad que debe ser considerada como mediación esencial junto con el amor a fin de vivir la fraternidad y la integración en la pluralidad y en el respeto por todos. Esto requiere ver cuáles son las mediaciones concretas de la justicia.

·  Colaborar al Reino de Dios, actuando en la perspectiva, finalidad, valores y medios del Reino.

·  Desde los pobres y excluidos, en la paz no violenta.

 

 

San Francisco de Quito, 20 de octubre de 1992

 

 

 

Bibliografía

Albert Nolan, Dios en Sudáfrica, Sal Terrae 1989, pág 190-191

González Faus y otros, La justicia que brota de la fe, Sal Terrae 1982