La eterna Navidad de

SANTIAGO RAMIREZ

"La sabiduría prudente" o "La prudencia sabia"

 

Es algo más que un juego de palabras. Son expresiones cargadas de vivencias que vienen espontáneamente a mi recuerdo al saber que Santiago se nos ha adelantado en el goce sin fin de la eterna Navidad. Desde allí nos hace guiños maliciosos cargados de esa bondad inefable, bañada en sonrisa buena, con las que arropaba sus sentencias decisivas.

Estas brevísimas pinceladas, llenas de emoción y agradecimiento, se encuadran en el marco de nuestras reuniones el Equipo de Reflexión Teológica de la conferencia de Religiosos del Ecuador. El, Gigi y el que suscribe formábamos el trio de la veteranía. Y se sentía de verdad la ausencia de Santiago, motivada frecuentemente por los quebrantos de su salud débil: algo faltaba… porque él ponía paz y punto final a nuestras discusiones buenas. Cuando alguno de nosotros agitaba apasionadamente los documentos de Aparecida, él nos calmaba trayendo a colación los del Concilio…

Por eso he querido subrayar que en él se articulaban mansamente sabiduría y prudencia, fruto de mucha experiencia, de mucha interioridad, de mucha sinceridad pastoral. Sus escritos, con los que a veces nos regalaba, venían cargados de pensamiento propio, bien madurado, más que de citas eruditas. Aguardaba serenamente para responder, pero sus respuestas eran definitivas y acatadas sin discusión… mientras él sonreía mansamente. Lo echaremos de menos en nuestras discusiones, no porque él las provocase sino porque él las calmaba y aclaraba.

Y todo con una humildad – o minoridad – bien franciscana, sin imponerse, casi sintiendo tener razón o pidiendo perdón por tenerla. Fue para mí un ejemplo amable, tanto en su alegría mansa como en sus achaques de salud. El resto es inefable.

 

¡Gracias, Santiago! No te extrañaremos porque estarás siempre con nosotros, de manera nueva, con tu sabiduría y tu prudencia. ¡Paz y Bien!

 

Cecilio de Lora sm